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Satélite-in-Blog - Page 6

  • Satélite Kingston contra The Tormentos: la batalla final

    Podrá no gustarte el ska. Podrás odiar el surf. Acaso pienses que Satélite Kingston y The Tormentos deberían jubilarse de una vez por todas. Quizás Niceto sea un lugar que jamás pisarías. Incluso existe la posibilidad de que detestes a todo el mundo y la sola idea de salir un viernes a la noche para meterte en un show sea la peor pesadilla que puedas imaginar...

    Pero, eso sí: tendrás que reconocer que este es uno de los flyers más lindos que viste últimamente...

    Si es así, nos vemos esta noche!

     

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  • Spurs

    Decir esto en días mundialistas puede ser subversivo, peligroso. Pero lo voy a decir igual: cuando veo a esos tipos con pelucas celestes y blancas llorando y gritando por un gol, cantando desaforados… no los entiendo. Incluso me cuesta entender qué podemos tener en común ellos y yo. Ojo, no estoy hablando de los que siguen los partidos de la selección o que incluso se emocionan o hinchan o gritan un gol. El fútbol está buenísimo y el Mundial es una fiesta en ese sentido; todo bien, yo soy uno más. No soy nada especial, ni tomo distancia. Estoy hablando de los más sacados. A esos no los entiendo. Sí entiendo más a las hinchadas de clubes, en todo caso; y cuando más sufridos, más chicos los clubes, más puedo empatizar con su desahogo. Ahí sí.

    Pero no entiendo a los que se vuelven locos con la selección. Esos a los que, de algún modo, parecen apuntar las peores publicidades que nos toca ver en estos días. Ellos tienen la culpa.

    Claro, tengo que reconocer que nunca fui un gran espectador deportivo. Miro una cosa u otra, cada tanto. Pero no le tengo ni el gusto ni la paciencia al tema, no de manera "regular". Aunque un buen partido de algo (fútbol, básquet, tenis, béisbol o pelea de box) cada tanto, matizado con dosis zapping, está muy bien.

    Dicho esto, reconozco que no pude dejar de seguir los playoffs de la NBA este año, que finalmente los Spurs acaban de ganarle a Miami. La NBA tiene montado ahí un gran show, sin duda, el nivel atlético es impresionante y por todo eso engancha a millones de personas en todo el mundo. Soy uno más, no habría nada de raro en eso. Y, sin embargo, la verdad es que creo que sí hubo algo especial en estos espectaculares y dramáticos partidos que acabamos de ver.

    Para el que no está muy al tanto, digamos que la noche del domingo (después de Argentina-Bosnia) los Spurs, de San Antonio, Texas, terminaron de imponerse en la serie de siete partidos con Miami Heat, cerrándola en el quinto con un 4 a 1. Durante todos esos partidos, el equipo de Ginóbilli mostró un juego exquisito, metiendo una cantidad de pases ridícula y metiéndola desde todos lados, con rotaciones constantes, totalmente “anti estrellas”, anti individualismos, con una fluidez que dejó impotente a los Heat, justamente un equipo al que lo podría caracterizar por su enorme potencia. En otras palabras, los Spurs ganaron exhibiendo la anti… tradición de la NBA.

    Vale la pena detenerse un poco, entonces, en quiénes integran los Spurs. Todos conocemos a Ginóbilli, argentino. El hombre compone un ya legendario trío con Toni Parker, que es francés, y el anglo-caribeño Tim Duncan, nacido en las Islas Vírgenes, pero de familia proveniente de Anguilla. Luego están Splitter, brasileño. Mills, australiano. Belinelli, italiano. Boris D, francés. Para encontrar un norteamericano hay que enfocar a la revelación de la temporada: Leonard. Leonard es negro, creo que californiano. Prácticamente no habla. Tiene sólo 22 años. Hace cuatro, su padre fue asesinado en un incidente no esclarecido.

    Bueno, esos son más o menos los Spurs. No exactamente el perfil de jugador, becario de universidad norteamericana, que (lógicamente) domina la norteamericana NBA, la elite absoluta del básquet mundial. No exactamente el perfil de ganador americano. Vean la mirada siempre extraviada y melancólica de Duncan. Al sacado de Ginóbilli. Al antihéroe de Parker... En fin.

    Por eso, si bien cualquier serie de playoffs tiene su carga emotiva, esta en particular tuvo algo extra, un gran extra. Los Spurs son étnicamente distintos. Y son técnicamente distintos.

    Pero hay algo más. Hasta el festejo fue diferente. Lejos de enloquecerse y quemar el estadio, cuando terminó el partido, había que ver a estos tipos simplemente con unas contenidas lágrimas en los ojos (algunos) abrazándose con sus compañeros de a uno, pero… con una lentitud curiosa, como buscando sentir a fondo el momento, pero sin estridencias absurdas, sin ruidos innecesarios, más bien cerrando los ojos y respirando profundo para guardarse el momento para siempre. Agarrándose fuerte de los hijos, en algunos casos. En serio, lo vi así.

    Me aburren las crónicas deportivas que pretenden hablar en términos épicos de cualquier cosa. Pero, la verdad, el final de estos playoffs me causó una impresión bien distinta. Seguro que tiene que ver que ahí juegue “un argentino”, y con identificación lógica que eso implica. Pero hubo algo más, al margen de eso. Como que algo bueno, lindo y sensible pasó ahí. Y confío en mí mismo porque sé que no soy tan fácil de embaucar en términos deportivos…

  • Wicked! Derrick Harriott en Buenos Aires

    No hay mucho más que decir...

     

  • Habla Derrick Harriott!! (a la vuelta del Obelisco)

    harrioot2.jpgEs muy raro estar sentado ahí, en una habitación del noveno piso de un hotel porteño, a metros del Obelisco, un día cualquiera, frente a un tipo así. Un personaje que cruza siete (¡!) décadas de música jamaiquina. Pero así es, del otro lado de la mesa está nada menos que Derrick Harriott, preocupado por ver cuál es el mejor lugar donde ubicar el grabador para la entrevista, recién llegado después de desayunar en un Subway ahí a la vueltacon un moderado afro, chaleco de polar azul, pantalones camuflados y zapatillas blancas. ¿Cuántos ejecutivos, secretarias y cadetes del Microcentro sospecharán que acaban de se cruzarse con una leyenda viva? Exacto: ninguno.

    Finalmente acordamos que lo mejor es poner el grabador justo en esa mesa de su habitación por estos tres días porteños, entre paquetes de golosinas, galletitas, restos de comida china y una botella de jugo de arándano. En el fondo, la mucama le arma la cama. Harriott pregunta, por lo bajo: “Ella no nos va a estorbar, ¿no?” Y se larga a hablar y a veces hasta a cantar un viejo hit. No siempre de manera lineal, pero sí con muy buena predisposición, como si no le hubieran preguntado mil veces las mismas cosas. Igual que en esta oportunidad, en su primera visita a Buenos Aires, para tocar, el sábado 7 de junio en lo que sin dudas será un punto muy alto en la historia de la música jamaiquina... en Argentina. Con los Aggrotones como backing band y anfitriones de lujo, productores del show y amables facilitadores de esta entrevista.

     

    ¿Ha estado viajando mucho últimamente?

    No últimamente, pero sí el año pasado. Toqué una cinco o seis veces, en lugares como Alemania, Chicago, Los Angeles, Nueva York y ahora en un gran país, Argentina. En Jamaica la llamamos Messiland. Argentina es famosa por Messi y los jamaicanos lo aman y esperan que haga muchos goles!

     

    Ha estado tocando con bandas locales…

    Algunos tipos son buenísimos. Como unos con los que toqué en Los Angles, que eran fabulosos. La gente, la onda, todo el mundo cantando los temas…

    ¿Cómo es eso de viajar tan lejos a un país nuevo y tener una banda y un público que conoce todas las canciones, gente a la que ni conoces…?

    Me sorprende. Como acá: es la primera vez que vengo y la gente me pide canciones que yo ni idea tenía que eran tan conocidas… ¡Hasta me asusta! Es muy lindo saber que tu música ha circulado tanto…

     

    Algunas de estas canciones fueron grandes hits, pero al momento de grabarlas, alguna vez pensó que llegarían tan lejos?

    No. Siempre le digo a mis amigos de aquellos tiempos que algo debe haber andado muy bien con esa música que hicimos en los 60, que esos temas no parecen pasar nunca, siempre vuelven. Es fabuloso que tanto tiempo después la gente hasta se vuelva más loca que antes con esos temas…

     

    Y usted viene incluso de antes de los años 60…

    Claro, desde los tiempos de la “Opportunity Hour” (nota: un "talent show" jamaicano del que surgieron muchas figuras)… Pero sigo haciendo muchas cosas nuevas. Ahora está por salir un nuevo tema mío con Luciano. ¡Brand new! (de pronto grita con un pronunciado acento jamaiquino). Y tengo cuatro discos nuevos por salir. Con material muy variado. Mis producciones. Algunas son reediciones, que no han estado disponibles por 20 años, y también algunas nuevas. Hay reggae romántico, hay otras cantadas por mi, con mi típico falseto; otras más bien de los 80, con gente como Yellowman… ¡Ordenar todo eso es mucho trabajo! Espero que todo esté listo para Navidad de este año.

     

    harriott1.jpgComo productor, ¿qué buscaba, cómo trabajaba?

    Buscaba talento y buenas canciones. Los sesenta y los setenta fueron buenos años, cuando salieron muchas cosas con Keith and Tex, los Kingstonians (canta “Sufferer, sufferer…”), Scotty. Se cantaba realmente de cómo se vivía. Y algunas de esas vidas eran muy duras. Rocksteady, ni muy rápido ni muy lento, al tempo justo.

    Como productor tenés que ayudar al músico, al cantante. Trabajás las letras, el estilo. Ya sea canciones mías o covers que yo elegía.

     

    En el estudio, cuando surgían esas sesiones de temas que harían historia, ¿qué pasaba?

    ¡Te volvés loco! Scotty te mataba, salía con cada cosa…. Yo lo escuchaba y pensaba, hey eso funcionaría en un tema. Me llevaba tan bien con él que le compré un auto antes de comprarme yo mismo un auto. Le regalé en Volkswagen escarabajo. Después me compré yo un Volvo azul. ¡Soy un hombre de azul, man!

     

    ¿Qué le gustaba más, el estudio o el escenario?

    Ambos. Bueno, no, el estudio. Ahí puedo ser más creativo. Soy mejor compositor que cantante. Definitivamente. Me encanta escribir y grabar. Los Aggrotones me mandaron un riddim y le puse letra y melodía y salió un temazo. Lo vamos a tocar en el show.

     

    No debe ser fácil elegir la lista de temas para un concierto…

    Claro, porque siempre viene alguien y te pide que toques este tema o el otro. Pero espero que todo el mundo se lleve algo de lo que le gusta…

     

    ¿Cuáles son algunas canciones que no pueden faltar nunca en sus shows?

    Tengo que hacer “Over The River”, “Walk the Streets at Night”, “The Loser” (que Freddy la grabó como “The Winner”, y todavía en Jamaica cuando la canto algunos dicen “hey, Derrick está cantanto el tema de Freddy!!!”), “Salomon”, “Do I Worry”, un tema que la gente parece que le gusta más y más con el tiempo…

     

    ¿Recuerda cómo eran aquellas sesiones?

    Debo decir, acá y ahora, que Lynn Taitt es responsable del 90 por ciento de los hits del rocksteady. Su fraseo, su sonido. Cuando grabé por primera vez “Walk the streets” no me gustó como quedó. Volví al estudio con Lynn y ya lo primero que tocó cambió totalmente el tema.

     

    ¿Sería por su influencia calipso, porque venía de Trinidad?

    Puede ser. Pero más bien me parece que es por su sonido.

     

    ¿Quizás por la guitarra que usaba?

    Siempre decía que no podía encontrar una guitarra igual aquella primera que usaba en los sesenta, man!

     

    harri7.jpg¿Entonces Lynn Taitt toca en “Do I Worry”?

    YES MAN!!! Es la primera guitarra. Su sonido es tan importante. Y también Keith, de Keith and Rex, que hizo la armonía de voz, ahí está el secreto, la clave de ese hit. No es sólo la canción sino el arreglo. Mucha historia y mucho talento. Esos músicos eran muy creativos y aportaban muchas ideas en el estudio. A veces un pequeño detalle. Cómo ese sonido (imita la percusión del tema) en “The Loser”, que cambiaba la canción totalmente.

     

    ¿Grababa siempre en el mismo estudio?

    Dynamic, que antes era West Indies Records, y Federal. El sonido de Federal, algunos dicen que era rústico, que la batería sonaba más o menos. Pero la verdad es que los discos grabados en Federal, si los ponés diez años después, suenan bien, claros, limpios, como si se hubieran grabado recién.

     

    ¿Siempre en vivo?

    Siempre con la banda en vivo. Y algunos overdubs después, la voz por ejemplo. Salvo Toots, que no quería nada de overdubs en esa época!!! ¿Sabías que una vez Toots fue preso por fumar hierba? Cuando estaba preso, varios metimos temas en el ranking. Yo, por ejemplo, metí “Salomon”. Hasta que lo soltaron a Toots. Y enseguida lo metieron en un estudio y grabó “54 46 thats my numer” y lo editaron inmediatamente y fue directo al número uno, y todos los demás quedamos ahí parados. Nos mató a todos. Yo no pasé del número 3, por ejemplo! Hay algunas historias increíbles en esta música…

     

    ¿Y ahora cómo recibe el público su música?

    Se vuelve loco, especialmente con el meddley de distintos temas… Hice un track para Usain Bolt también, con el riddim de “The Loser”.

     

    Bueno, no es exactamente un loser…

    Claro, ¿no es gracioso?

     

    Y dice que quiere jugar el fútbol...

    Bueno, cuando hacés un deporte siempre querés hacer otro también, viste?.

     

    Usted también grabó toda una serie de temas inspirados en películas western, ¿era un fan de ese tipo de cine?

    Yo empecé esa moda, después siguieron Clancy Eccles, Lee Perry… Cuando salieron todas esas películas, “Fistfull of Dollars”, etc, la gente se volví loca en Jamaica, les encantaban. Todos íbamos los miércoles al cine y yo salía inspirado con esas películas italianas. Salieron muchos hits también de esa era.

     

    En cambio, la era rude boy no parece haberlo atraído tanto…

    No, no estuve en esa. Igual me gustan algunas canciones de rude boys, como las de Desmond Dekker. Pero no me gustaba mucho eso de la violencia. Pero si querés saber cómo eran esos tiempos podés escuchar mi disco “Scrub a Dub”. Es increíble cómo un disco puede pintar una era tan claramente, como un libro de historia.

    Lo que más me inspiró yo creo que fue la era de los sound systems. Mi escuela debía estar a seis millas del sound system más cercano. Durante la clase, me acuerdo que escuchábamos a lo lejos un tema que sonaba... Y cuando salíamos nos íbamos para allá corriendo, seis millas! También fue importante la iglesia. Aunque yo no cantaba, iba a la iglesia con mi familia y ahí sonaba el gospel. Pero nunca estuve en un coro, por ejemplo.

     

    Muy pronto empezó a cantar en público…

    Sí, muy temprano. Solían castigarnos por ponernos a cantar en la escuela. Aunque al mismo tiempo los mismos maestros nos pedían que actuáramos cunado hacían eventos para recaudar fondos para una cosa u otra! Unos que iban a mi clase era The Folks Brothers, los de “Oh Carolina!”. Y también un tipo que después fue ministro del gobierno del People National Party, y que cantaba muy bien.

     

    harrys.jpg¿Y en su familia había músicos?

    Mi padre era clarinetista, tocaba en una banda militar. Rupert Harriott era su nombre. ¡Llevo la música en la sangre!

     

    ¿Siente que chicos de otros países tocan bien su música?

    Sí, lo hacen muy bien. Como mis amigos, los Aggrotones. Y especialmente los franceses, ¡tocan muy bien! A veces… A veces otros músicos toman un tema y hasta lo pueden hacer más grande. Mirá, como cuando nosotros grabamos una versión jamaicana de “Shaft” y fue un hit. Hasta entonces, Isaac Hayes no lo había editado como single, sólo estaba en el disco de la banda de sonido de la película. Cuando Hayes se enteró que nosotros lo convertimos en hit, entonces sí lo sacó como single!

     

    Muchas gracias por su tiempo…

     

    Fue un placer. Podés ponerle a esta nota “Parte 1” porque hay tanto más para contar, mucho más…

     

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  • Christchurch

    Nueva Zelanda no es una isla sino un archipiélago. Con dos grandes islas y otras menores. Las dos grandes: Isla Norte, Isla Sur. En la norte está la capital, Wellington, y la principal ciudad, Auckland. La isla Sur es menos poblada, más rural y también más fría. Su paisaje se parece un poco al de nuestra Patagonia. La principal ciudad en la isla Sur es Christchurch.

    Christchurch sufrió en 2011 un fuerte terremoto que destruyó buena parte de su centro histórico y comercial. Y lo que no destruyó, quedó tan mal que luego hubo que demolerlo. Así las cosas, el centro de la ciudad parece un pueblo fantasma, con sus edificios dañados y abandonados y muchos lotes vacíos luego de que se demolió la construcción que allá había por considerársela peligrosa. Una de las escenas más tristes es la de la antigua Catedral, ahora a punto de venirse abajo, apuntalada por andamios. Por el momento, no se la está restaurando. Pero sí se la reemplazó con una nueva Catedral... de cartón! Sí, es una iglesia de cartón, desarmable. Ver para creer, más que nunca.

     

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