Nov 18, 2014

Ahora todos van a leer tu remera # 1: Los diez mandamientos del ska

(Aclaración: hace ya cinco o seis años, Chikito, uno de los más consecuentes lectores/colaboradores de este blog, a quien por entonces no conocía fuera del mundo.com, me sugirió por línea privada escribir posts sobre remeras de rock. Me pareció muy buena idea, pero nunca encontré el momento de hacerle justicia. Quedó entre docenas de pendientes. Tarde pero inseguro, acá va la primera entrega de una serie por la que Chikito merece debido crédito)

 

Los 90 no fueron amables con el ska en Inglaterra. Después de la explosión Two Tone, encabezada a principios de los 80 por The Specials, Madness y The Selecter, la música de raíz jamaiquina se replegó rápido a una zona de sombras en favor de otras cosas, como el tecno pop. Demasiado skinhead para new romantic…

tencommandmentsfront.JPGEn Estados Unidos, en cambio, la segunda mitad de los 90 se sacudió con la llamada Tercera Ola, la gran vuelta del ska, con docenas de bandas, desde ska-jazz hasta ska-punk y ska-core, ska-metal satánico (en serio), ska-swing y algunos otros errores sincopados y aún menos excusables. Pero su efecto poco o nada se sintió al otro lado del ancho Atlántico.

Así, Londres no era el lugar ni 1997 era el año para un festival como The Ten Commandments Of Ska, ya bastante pretencioso desde el título. Así, a nadie debió llamarle la atención encontrar, incluso dos años después, las remeras de tal evento en un tacho de saldos del local de Merc en el epicentro de Carnaby Street.

Con apenas un par de cuadras peatonales por el centro de Londres y un muy fotografiado arco de entrada, Carnaby ha sido cíclicamente protagonista de distintas subculturas y modas juveniles, siempre muy British, desde los swingueantes 60. Hasta su cierre en 2012, Merc fue una de las tiendas insignia en esta calle y de estas “tendencias”, una boutique mod, con trajes de tres botones, camisas a cuadros, zapatos “loafers” y demás accesorios imprescindibles para quien de pronto sienta la vocación de mimetizarse con los personajes de “Quadrophenia”. Salvo los scooters y las pastillas, todo estaba ahí, aunque en los últimos años sólo se concentró en vender artículos con su propia marca, dejando fuera de catálogo a Fred Perry, Ben Sherman y otros.

Merc, justamente, fue el principal auspiciante del Ten Commandments. Vaya a saber uno cómo fue el arreglo comercial entre las partes. Pero sí contamos con evidencias materiales (textiles) de que la marca aportó la remera oficial de la fecha.

Efectivamente, 24 meses después, docenas de estas prendas, en todos los talles, se ofrecían a cuatro libras la unidad en el local de Carnaby 10. Habrán sobrado muchas, en parte por el escaso público que cubrió apenas la mitad de la Brixton Academy (con capacidad para 3700 espectadores parados), confirmando que los tiempos no eran favorables para el ska inglés. Pero no por eso se debería subestimar otro factor: la mala praxis de diseño.

En la espalda, la prenda pasaba lista a los no diez sino once artistas que actuarían el 21 de junio de 1997 sobre este legendario escenario del sur de Londres: los estelares nombres jamaiquinos de Prince Buster, Ken Boothe, The Pioneers, Dave & Ansel Collins, Errol Dunkley y Rico Rodriguez; el cubano Laurel Aitken, más los locales  Judge Dread, The Cimarons y The Riffs (los de la muy oi y muy épica “Blind Date”). Documento histórico de un line up irrepetible… pero demasiado a destiempo como para salvar al festival.    

tencommandmentsback.JPGLos verdaderos problemas estéticos comienzan del otro lado de la remera. Ahí está el logo de los Diez Mandamientos del Ska (cita de un clásico de Prince Buster), con una tipografía antigua, intencionadamente “bíblica”. Luego, un dibujo en el que se ve a una negra aparentemente jamaiquina, de espaldas, arrodillada sobre un ítem de verdad indefinible e incomprensible, de cara a una especie de río y a unas montañas verdes. Está desnuda y tiene los brazos abiertos, en pose mística, acaso a punto de definir los nuevos Diez Mandamientos caribeños.

Todo parece una de esas fallidas tapas de discos compilados que ya nos frustran antes de apoyar la púa, aunque a veces terminan por sorprendernos positivamente. Uno puede imaginar el disgusto de los meticulosos tipos de Merc al desayunarse con semejante resolución gráfica, pero es más difícil visualizar la resignación en el momento que, quizás por falta de tiempo, alguien aceptó: “Ok, vamos con este, ¡se imprime!”   

Además del feo diseño, la desganada impresión recuerda a la que ejecutaban algunos locales de fotocopias láser color a principios de los 90. Arratonada incluso antes del primer lavado y sobre una tela tan floja que da picazón sólo de mirarla. Si la calidad de una remera oficial marca el destino del show en cuestión, queda claro por qué The Commandments perdió plata.

Encontré esta remera hecha pelota de trapo, adentro de un tacho, en un oscuro rincón de Merc, en 1999. Nunca la usé hasta 2007, cuando con la Rude Boy Band acompañamos a la británica Pauline Black en su debut porteño. Fue mi tributo secreto a los años de resistencia ska en el Reino Unido. En realidad, me la puse sólo una vez terminado aquel show en El Teatro de Colegiales, hoy Vorterix. La increíble voz de The Selecter, entonces, me vio por los pasillos de camarines y dijo, seria, como si hubiera recordado algo no muy feliz: “Wow, no me digas que tenés una de esas…”

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Oct 18, 2014

Dos dedos

No, al final no vino Neville Staple. Fue ya la segunda vez que se frustra una show del ex Specials en Buenos Aires, no? Una pena. Según puros trascendidos, el problema habría sido la suspensión del concierto en San Pablo, lo que comprometió la viabilidad del tour sudamericano. Vaya a saber. Por lo pronto, el comunicado oficial de Neville sobre la cancelación no cargaba sobre la producción argentina.

Satélite-In-Blog, créase o no, de todos modos tuvo la oportunidad de entrevistar en exclusiva a Mr Staple, por teléfono. Pronto publicaremos dicha conversación, que sin ser candidata a los 2014 Ska Journalism Awards, tuvo lo suyo. 

¿Alguien sabe de alguna otra visita para este año? En mi humilde, la gran figurita faltante sería Toots, otro show frustrado no hace tanto.

frankfurt-DC 2014 195.jpgPor lo demás, entre muchas otras cosas durante estas sigilosas semanas bajo el radar, el equipo completo de Satelite-In-Blog aterrizó en los últimos días en Washington DC, las fauces mismas del monstruo capitalista, el corazón del Imperio del Mal, “you don’t get much more Babylon than that”, como diría mi amigo J.P. 

En un año que empezó, con este mismo equipo, grabando early reggae en un garage en Nueva Zelanda, siguió en un bar de Yakarta hablando de Satélite Kingston con media docena de rude boys indonesios, ahora la cosa terminó en los Cue Studios, de Falls Church, Virginia, para atestiguar una impecable sesión de la incomparable Caz Gardiner junto con Teddy Dos Dedos García.

frankfurt-DC 2014 194.jpgLa historia es complicada. Teddy Dos Dedos es un músico andaluz. Durante años fue tecladista y compositor y arengador supremo de los Granadians, la gran banda regay del sur español. Teddy luego migró a Inglaterra, pasó por Alemania y terminó en DC, hace unos cuatro años. Obvio, no tardó en conectarse con la crema de la crema de los sonidos jamaiquinos en la región. Cosas que, aclaremos, no tiene nada que ver con los proto rastas blancos de SOJA, otros washingtonianos, frecuentes visitantes en Buenos Aires. 

Teddy, además, estuvo hace algo más de diez años en Buenos Aires. En esa oportunidad, fue huésped del célebre Ska Hotel, sobre Avenida de los Incas, que muchos amigos paulistas, españoles y norteamericanos y chilenos recuerdan bien (o más o menos). Además, en Buenos Aires, el Granadian grabó algunas teclas para la Sonora Brixton. Y coincidió, años más tarde, en México con los Aggrotones, con quienes también hizo muy buena onda.

frankfurt-DC 2014 187.jpgEntre tanto cruce casual, o no tanto, quién te dice, Teddy o Manolo terminó en Washington DC como teclista de Caz and The Day Laboreres, con algunos buenos amigos de Satelite-In-Blog, que el año pasaron estuvieron tocando por acá (Argentina), junto con Jochi Descalzo como baterista muleto y un seguro servidor en teclados. Hay que aclarar algo más: con Jorge P, de los Day Laborers, no nos conocimos en ninguno de los mencionados lugares sino en… ¡San Pablo!

El mundo es un pañuelo… a cuadritos blancos y negros, ya se dijo. Buenos Aires, Auckland, Yakarta, DC, Falls Church, Granada, San Pablo. Gracias.

 

 

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Sep 03, 2014

Satélite Kingston, de Brasil a Indonesia

Esta semana se estrena en Brasil "De Menor", una de las películas más esperadas de lo que se podría llamar "Nuevo Cine Brasileño". Lo curioso es que en su banda de sonido se puede escuchar "70-30", primer tema del tercer disco de Satélite, "Algo tiene que pasar", una composición del gran Milton Alonso, hoy ex bajista de la banda. Hemos recorrido un largo camino de Ezeiza a San Pablo, ida y vuelta, tantas veces... Gracias, Bruno.

Esta es la escena satelital:

 

Por otra parte, la semana pasada, me  tocó pasar por Jakarta, capital de Indonesia e insospechado bastión ska, con muchas bandas y shows. Gracias a la impagable Internacional Ska, por supuesto, terminamos tomando cervezas Bintang con media docena de estos rude boys javaneses, hablando de música, intercambiando discos y anécdotas, y al final, cruzando la ciudad en Vespa. Si hace 15 años me decías que me iba a pasar algo de todo esto, firmaba cualquier cosa... Llegar al otro lado del mundo y encontrarse con gente que escucha Satélite... Gracias a Jah o quién sea.

 

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03:31 | Permalink | Comments (14) |

Aug 06, 2014

Aggro reggae de Salón

"10 Reggae Shots", de los Aggrotones, pinta (suena) para ser uno de los discos del año, al menos dentro del estimado género que acá nos convoca. Es un discazo, por los temas, por los invitados, por la gráfica, por el formato vinílico (también está en CD) por el sonido e incluso por la evolución de la banda con respecto a su primer laburo, ya que ahora incorporaron más variantes, más colores, incluyendo voces, por ejemplo.

Así que la presentación del disco, el viernes pasado en el Salón Pueyrredón, era una cita imperdible. Para mejor, Diega & The No Vocals abrieron la noche, inspiradísimos, tocando temas de su disco, que aún sigue inédito, lamentablemente.

Mientras tanto, abajo se cruzaban Selector Lucho, con Rotman, con Hugo Lobo, con el Chino de Una Isla, con Mariano Miramounts, con Neco (zine Recuerda Tus Raíces), con etc, etc, etc. No por nada, pero la variedad y cantidad de caras "conocidas" daban alguna cuenta de que era una noche especial.

Después, los Aggrotones. Personalmente, disfruto mucho de ver un "power cuarteto" así, que con los recursos mínimos logra un groove tan claro, compacto y fluido, sin artificios, sin tanta parafernalia, cortando por lo elemental. No es que ahora estén mal los grupos "numerosos", pero sí que viene bien que alguien se juegue por algo contrastante, distinto.

Y evidentemente, todos estos años tocando juntos han dado sus frutos: se entienden y se acoplan muy bien y le sacan gran provecho a una formación aparentemente "básica". El del otro día fue un gran show para presentar un discazo de una banda que, por suerte, no se queda.

(video, claro, exclusivo de Satelite-In-Blog)

 

04:45 | Permalink | Comments (8) |

Jul 18, 2014

El secreto de sus discos

La acción transcurre en una localidad patagónica que por el momento no me atrevo a revelar pública y blogueramente. Antes de hacerlo debería estudiar un poco mejor las contraindicaciones. Digamos por ahora que esto pasó hace una semana, en el Sur. Creo que hasta el nombre del local puedo llegar sin riesgos: Rock & Roll. Disquería Rock & Roll.

La conocía de un viaje anterior. Una típica disquería de provincia. Chica, en una galería, pero a la calle, con vidriera. El habitual stock de rock nacional, música melódica, algo de folclore, lo más obvio de la música clásica y el jazz. CD, DVD, algunos libros, instrumentos de juguete o para estudio en nivel escolar primario. Y unos cuantos vinilos entre los que te sentirías de suerte si encontraras “Frampton Comes Alive” con uno solo de los dos vinilos, pero que igual no podés dejar de chequear, aunque no sea más que para corroborar que el universo sigue en equilibro. Mmm, a ver, a ver, “The Game”, bien; “7 y el tigre harapiento”, ok, muy bien…

Al menos esa había sido mi percepción en la visita anterior. Pero esta vez fue distinto. Por supuesto que volví a entrar. No para encontrar nada. Nunca se me hubiera ocurrido comprar un disco. Por supuesto que no es para comprar que uno recorre una disquería. 

IMG_9104.JPGAl margen de todo lo anteriormente descripto, que seguía exactamente en su lugar, como siempre, en este caso detecté cuatro “nuevas” cajas de cartón llenas de más vinilos, en el piso, debajo de las bateas con los habituales Fausto Papeti, Julio Iglesias y Piero. Pero estos otros discos eran muy distintos. En una de las cajas, lo primero que se veía era una promisoria copia de “One Step Beyond”, de Madness. Tenía pecada una pequeña etiqueta con un precio manuscrito en Bic azul: 220 pesos. Lo di vuelta: made in England, primera edición. Parecía llamarme: "Vení, vení, no tengas miedo, te va a gustar..."

Respiré profundo, elongué sendos dedos índices, esos que tan entrenados tengo en la destreza de flipear grandes sobres de cartón, uno por uno, alternado atléticamente derecho-izquierdo-derecho-izquierdo, derecho-izquierdo… Y me mandé.

Lo que fue apareciendo de verdad me impresionó. Sin relleno, sin títulos menores a modo de transición, fueron desfilando ante mis incrédulos ojos cosas como: la discografía completa de The Damned, incluyendo tres piratas en vivo; “Blank Generation”, de Richard Hell, “Go For It”, de Stiff Little Fingers; “Pure Mania”, Vibrators; “Killer Clowns”, “Stukas” y “Dawn of the Dickies”, de, justamente, The Dickies; “Hersham Boys”, Sham 69, "Follow Blind", The Wipers (!), “Live & Louds” de The Ruts y The Boys; y más incuestionables glorias en doce pulgadas (perdón, no quiero abrumar a nadie, pero…) de Dead Kennedys, Cockney Rejects, Stranglers, Antinowhere League, TSOL, X, Devo, Pete & The Test Tube Babies, The Meteors, The Blasters, Slaughther & The Dogs, Dead Boys…

(es decir, nada de ska. El ska empezaba y termiaba con Madness en esta selección, para la que Jamaica ni siquiera existía).

A la mayoría de esas maravillas jamás las había visto en este país. Muchas de ellas nunca las había visto en ningún lugar del mundo. Y de pronto se materializaban en esta tienda perdida en la Patagonia, con pocas posibilidades de tentar a nadie.

Agarré dos o tres discos casi al azar y me acerqué al mostrador con la excusa de consultar los precios (sólo unos pocos los tenían a la vista). La dependienta era una mujer de unos 50 años, totalmente rapada, con la cabeza cubierta por un bandana. Tenía jeans celestes y un polar gris. La acompañaba una nena de unos diez u once años. Le pregunté por los precios y casi sin escuchar la respuesta le dije lo que realmente me interesaba: “Esteeee, mmmm, ¿quién dejó estos discos? ¿son de alguien que vive por acá?”

La mujer prefirió reservarse el dato, vaya a saber por qué, y elegió una extraña salida: “No los dejó nadie, los fui encontrando yo en distintos lugares porque me gusta tener todos los discos de una banda. Pero después se van vendiendo, claro, y cuesta reponerlos…”

Una respuesta inverosímil, inaceptable, imposible. Señores, estábamos ante una de las colecciones de punk y new wave inglés más “cerradas” que yo haya visto en Argentina. Perdón: LA mejor colección que haya visto. Nada de Pistols ni Clash. Sólo segundas y, más aún, terceras líneas, todo acotado básicamente al período 1977-1981, con algún desvío no mucho más allá de 1986, curiosamente sólo para seguir los erráticos pasos de los Cockney Rejects en aquella desaconsejable excursión hacia el submundo del glam metal. ¿Discos de Buzzcocks? No, ¡de Pete Shelley! Después, punk norteamericano. Pero nada de Ramones ni Blondie, no: X, Dickies, Dead Boys… Puras finezas. No sé por qué, pero diría que la selección de discos norteamericanos era absolutamente europea, pasando por alto en salto olímpico el hardcore más suburbano, más clase media, y concentrándose en lo más freak e históricamente más valorado del otro lado del océano. Más del “gusto europeo”, no tan yankee. Por último, entre todo este inflamable material, unos pocos y misteriosos discos aparentemente también punks, pero alemanes, de nombres imposibles de retener.

Todo el cuadro hacía pensar, un poco a la CSI, en:

1. Un único dueño. Estamos ante un homogeneo bloque de cien discos.

2. Un dueño que casi seguro habría pasado una temporada más o menos larga fuera del país, muy probablemente en Europa, quizás en Alemania. Imposible que haya comprado esos discos en esta ciudad patagónica o siquiera en Buenos Aires.

3. Acaso un dueño europeo, expatriado con discos y todo. Alemán, tal vez.

4. El mismo dueño de esos discos debía haberlos llevado personalmente a la disquería. Es que, a pesar de que la dueña no tenía la menor idea del material, los distintos precios eran muy coherentes con los diferentes títulos y artistas. Lo había tazado alguien muy en tema. Difícil imaginar a nadie más apto para la tarea que el mismo propietario original de semejante colección. Habría que descartar un robo o un hallazgo fortuito o una herencia. No, los precios los debió poner el mismo dueño, no queda otra.

Entonces. ¿Cómo habrían llegado este hombre (¿o mujer?) y estos discos hasta esta localidad tan poco “punk friendly”? ¿Quién sería, a qué se dedicaría ahora? ¿Por qué habría decidido liquidar todo esto? ¿Estaría, acaso, vendiendo sólo una parte de su tesoro? (esto último suena extremadamente improbable: ¿en qué loca depuración alguien descartaría “Machine Gun Etiquette” y “The Incredibly Shrinking Dickies”? ¿Para hacerle espacio a qué otra cosa? Disculpen, pero no me lo creo).

Los precios no eran ningún regalo, pero sí estaban unas decenas de pesos por debajo de su valor de mercado local (no así internacional.com). Los vinilos se apreciaban en excelente estado. Terminé comprando sólo uno: “Dawn of the Dickies”, por 180 pesos, vinilo celeste. Aclaremos que este bestial LP, de alucinante portada en la que los pobres Dickies son atacados por unos zombies azules (¿?), contiene, a mi leal saber y entender, lo más sublime del notable repertorio de estos inspirados californianos, más o menos un millón de años luz adelantados a Green Day en las bastardeadas lides del pop punk: “Nights of White Satin”, “Fan Mail”, “Stuck In A Pagoda” y el primer temazo de los Dickies que escuché en mi vida, vía un viejo compilado del sello ROIR, en cassette que compré a 1,99 a la salida del cole: el increíble, absurdo, hipermelódico, tonto, virtuoso e inolvidable “Manny, Moe & Jack”, célebre por su comienzo con FX de auto arrancando. Miren si sólo esta canción, en bellos surcos celestes, no vale 180 pesitos... y una excursión a la misteriosa Patagonia argentina::

 

(esta historia continuará)

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