Nov 21, 2009

Gran Moratoria de Posts Nunca Escritos 2009

¿Diez días sin post nuevo? No hay excusa posible, pero, les aseguro, aunque no parezca, estamos trabajando para ud., quizás con uno de los proyectos más ambiciosos del blog a la fecha (bueno, tampoco es que haya habido tantos otros...)

Tanto trabajo hace que uno vaya por la vida pensando posts que finalmente nunca escribe. Buen momento entonces para plantear la Gran Moratoria de Posts que Nunca Se Escribirán 2009. Estos son algunos de los que recuerdo ahora mismo, en breve:

 

1. Después de más de 30 años de vivir en Buenos Aires, Saavedra, mi nuevo barrio, me sorprende con una notable cantidad de calles con nombres que, no sólo nunca había transitado sino que nunca había oído nombrar. Ejemplos: Flor del Aire, Plaza Oeste, Aro20080522-pu7ngnthnf86j31d48d7qwdxkh.preview.jpgmo, Achiro, Quebracho, Olog (o algo así, ni siquiera estoy seguro!).

 2. Leí por ahí que Jerry Dammers estaba "grabando algo" para Trojan.

3. Anoche, Ska Beat City estuvo en La De Dios. El domingo, en Kite Beach, a las 19. Ska Beat City está grabando temas nuevos que suenan tremendos. También escuché algo de Sessiones, súper fino. Y por alguna razón parece haber varios otros grupos grabando o a punto de grabar: Hamptons, No Vocals, Smocking Flamingo. Revolución productiva... 

4. El otro día, un taiwanés me dijo: "Como decía el general Perón, la única verdad es la realidad". Después me contó que estaba feliz porque en Buenos Aires vivía en el único lugar desde el que se podían ver cinco medios de transporte al mismo tiempo: "Desde mi casa veo los barcos en el río, los autos en la calle, los aviones en Aeroparque, los trenes que llegan a Retiro y los caballos en el hipódromo. Es increíble!"

5. "Recuerda Tus Raíces" es el mejor fanzine hecho por acá que leí en mucho tiempo. Mucha información, bien escrita, con sentido del humor y hasta olfato periodístico callejero. Muy bueno, en serio, no lo menciono por ningún tipo de compromiso ni relación. En La Cancha Se Ven Los Pingos también me gustó mucho. Y no soy un lector fácil. 

v4.jpg6. La nueva versión de la serie ochentosa "V" no es muy buena que digamos. Pero tiene algo parecido a un mérito: nos hace acordar a los días en que mirábamos a Donovan luchar contra los lagartos por... ¿canal 9? Yo creo que estaba en tercer grado de la primaria. No me la perdía ni loco. Los cinco primeros capítulos los recuerdo como un clásico de clásicos. Quién sabe. Quizás era malísima. ¿Cómo podría saberlo si la vi a los 8 años?

425.unitedstates.tara.021709.jpg7. La que sí es muy buena es "United States of Tara", serie acerca de una "madre de familia" con un problemita de personalidad múltiple. Tara convive con otras personas en su propio cuerpo: T, una quinceañera problemática; Buck, una especie de redneck camionero y otra que no recuerdo cómo se llama, pero que es como el ama de casa perfecta de los años cincuenta. Parece una ficción poco verosímil, pero lo cierto es que existen casos así en la historia de la psicopatología.

8. "A medida que me acercaba a mis cincuenta años, me enojaba más y más con las estúpidas decisiones de mis compatriotas. Y de pronto me empezaron a dar lástima porque entendía lo inocente y natural que era para ellos actuar de manera tan abominable y con resultados tan abominables. Hacían todo lo posible para vivir como la gente inventada en las novelas. Por eso era que los norteamericanos se agarran a tiros tan seguido: era una solución conveniente para terminar cuentos y novelas." K. Vonnegut, sobre los norteamericanos, en "Breakfast of Champions".

9. Ahora Nacha Guevara tampoco asumirá su banca. La verdad es que cuando parece que ya no da para sorprenderse con nada algo vuelve a ocurrir. Ya casi nadie se decepciona seriamente porque un político al pasar a ser funcionario traicione a sus votantes. Pero... ¿que ni siquiera asuma?

 10. Para sumar a mis lista de señales por las cuales te das cuenta que estás viejo... El otro día le decía a un amigo que estaba trabajando en una investigación sobre algo relacionado con los años 86 y 87. Y me dijo: "Mirá vos, yo nací en el 85!"

Bonus: cuando en un post aparece un comentario de Picas, no hay razón para quedarse ahí: ya está todo dicho!

Nov 09, 2009

Saavedra

Hace una semana me mudé de casa. Después de tres o cuatro años en el céntrico Montserrat, donde ni los vecinos se ponen de acuerdo en cómo se escribe el nombre de su barrio, pasé al periférico Saavedra, un perfecto misterio para mi. No conocía a nadie que viviera en Saavedra, salvo a un amigo que llegó el barrio hace pocos meses, y que de todos modos está en otra zona, un poco lejana a la mía. No recuerdo haber ido nunca a Saavedra para nada. Creo que no sabía más de Saavedra que el hecho de que es un barrio tranquilo, de arquitectura baja, de clase media trabajadora y muchos jubilados, que reinvindica a (club de fútbol) Platense y al (cantante de tango) Goyeneche (digo, para los extranjeros).

Y así llegué a Saavedra, sin saber demasiado qué esperar.

Bueno, una cosa sabía bien: que Saavedra queda en exactamente en el extremo opuesto de donde se encuentra mi lugar de trabajo diario. Es decir que debería cambiar mis periódicas caminatas de tres kilómetros, entre ida y vuelta, por viajes en transporte público.

El tren fue una de las primeras sorpresas que me esperaban en Saavedra. Pocas veces había tomado un tren en Buenos Aires. Siesaa1.jpgmpre caminé mucho o tomé colectivos o, sobre todo, subtes. Pero tren, poco y nada. Tenía sí el concepto que tienen la mayoría de los argentinos que miraron alguna vez en su vida un noticiero: que los trenes en este país son casi una enfermedad, que tener que tomarlos todos los días es como un castigo.

Para ir de Saavedra a Retiro, tocaba tomar el tren línea Mitre. El primer día fue interesante. Uno se siente un poco turista cuando toma por primera vez, o casi, un medio de transporte un x lugar a y destino. Fui a sacar mi boleto en la estación (Luis María, no Cornelio) Saavedra, pero la boletería era una ventanita mínima con un vidrio espejado. No se veía si había alguien detrás. A riesgo de estar hablando solo, pedí "uno a Retiro", y pasé una moneda de un peso por debajo del espejo. Pasaron unos segundos de nada hasta que alguien (o algo!) me pasó de igual manera los 20 centavos de vuelto (80 centavos el boleto!!). Desde entonces, todos los días repito la misma operación, sin jamás ver quién está del otro lado. Habrá más de un a persona? Será la o los mismos todos los días? Se estarán riendo? Me estarán mostrando, sin que lo vea, un dedo mayor en alto? En fin...

La otra sorpresa fue la puntualidad del tren. Una puntualidad casi conmovedora. Además, el horario está anunciado y es previsible. El tren está aceptablemente limpio y es relativamente cómodo. Y a la hora que lo tomo viene escasamente poblado por algunos trabajadores y varios escolares, con muchos asientos vacíos. Nadie parece a punto de prender fuego a los vagones...

Claro, este es un tren "rico". Aunque "mi" estación es de un barrio de clase media, con zonas de clase media apenas baja, el tren después pasa por barrios mejor parados económica y socialmente: Coghlan, Belgrano R, Colegiales, Palermo y Retiro, la mayoría con unas coquetas o por lo menos pintsaa3.jpgorescas estaciones que mantienen bien su arquitectura inglesa.

De mis pocas experiencias ferroviarias en el país, hasta ahora, la mayoría había transitado por los rieles que llevan a San Miguel. Es decir... otra onda.

El viaje en total es de 25 minutos. Quizás incluso algunos segundos menos. Lo cual está muy bien. Y ha traído un beneficio colateral medio inesperado: me permitió volver a leer literatura regularmente. Caminar puede ser muy saludable, manejar puede ser muy cómodo, pero ninguna de las dos cosas te deja leer a Vonnegut. Viajar en tren todos los días te obliga a buscar la forma de matar el tiempo. Aunque viajes parado. En mi caso, así lo quiso el destino. Y tengo la prueba. Como sabía que lo necesitaría, el primer día puse en el bolso una copia de "Desayuno de campeones", de Vonnegut, justamente. Pero el segundo día, no sé cómo, perdí el libro. El viaje de vuelta, esa noche, se me hizo más largo. Sin embrago, curiosamente, encontré en casa... otra edición de "Breakfast of champions"! No creo que tenga dos copias de ningún otro libro en casa. Pero justo de este sí.

Conclusión de día: viajar en transporte público fortalece la cultura de los pueblos.

Cada tanto, igual, está bien levantar la mirada del libro. En el tren, la fauna de personajes y situaciones, creo notar en poco tiempo, es más interesante que en colectivos y subtes. El viernes pasado, por ejemplo, en mi vagón subió un tipo que cantaba, tocando la guitarra, una versión de la Marcha peronista con la letra de Bésame mucho. Hoy, en cambio, apareció un tipo pidiendo una moneda para viajar en bondi e ir a buscar trabajo. Una mujer delante mío le dio un billete de diez pesos. El hombre casi se larga a llorar justo cuando el tren entraba en las fauces de la monstruosa Retiro.

Oct 30, 2009

San Pablo querido

Oct 23, 2009

Sound Paulo!

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Oct 21, 2009

La fundación del roots nacional, instintivamente

(pequeño tributo a aquellos festivos shows de los Cafres a mediados de los 90, publicado, palabras más, palabras menos, en la última revista Rollinga Estón que está en todos los quioscos...) 

LosCafres_1995-Instinto.jpg"Esto es Argentina y no Jamaica". Lo decía Guillermo Bonetto sobre la potente base roots de "Dreadlocks", sexto tema del segundo disco Cafre, "Instinto". Y esa parecía ser una de las ideas-eje en la imparable secuencia de quince tracks: que acá, en 1995, año en el que pasaron por Buenos Aires Alpha Blondy, Black Uhuru, Israel Vibration y Yellowman, se podía hacer buen reggae sin necesidad de "querer ser rasta". Porque, igual, así como "este verano va a haber muchos dreadlocks", en invierno podría haber "mucho pelo corto", y es muy importante saber diferenciar, porque esto "no es una moda" y “hay que saber dónde termina la joda”.

Lo que en boca de otros podría ser simplemente una arenga efectiva, viniendo de Los Cafres tenía otro peso. Los tipos tenían todos sus papeles en orden: venían desde 1987 con esto del one drop, no eran un rejunte de sesionistas para salir a trabajar en fiestas. Eran, sobre todo, fans de lo que tocaban. Y el público, todavía escaso a pesar de los años y de los shows, lo sabía perfectamente y les creía porque, en cierto punto, eran pares.

Les creía y los seguía. Seguramente porque, además, tenía claro que Bonetto sabía de lo que hablaba. Efectivamente, el reggae había sido furor a fines de los 80 en la Argentina, y él lo había vivido desde adentro como percusionista de Los Pericos, nada menos, los sacerdotes del ritual de la banana. Pero la moda del “regui” fiestero había pasado hacía rato y Bonetto, sobreviviente, seguía luciendo unos dreads importantes. Como sus compañeros, todos más o menos con diez años de roots encima, ya estaba para otra cosa. Estaba listo.

Apenas un año antes, la banda había grabado el exploratorio “Frecuencia Cafre” y cada uno de sus shows, particularmente junto con los queribles sureños de THC, más que show era una fiesta. Es sorprendente, en serio, que en tan poco tiempo después del debut tuvieran listas quince canciones tan buenas para el nuevo CD que saldría por Ras Records/DBN.  

Se grabó en Panda, analógicamente, lo que es mucho más que una anécdota para audiófilos cuando se trata de roots. Y lo mezcló en Washington DC Jim Fox, que más que mezcla en algunos temas redondeó una posproducción dub (ver “Sólo un pensamiento”). Después, incluso, se editaría “Instinto Dub”, pionero CD con versiones alternativas, ahora sí netamente dubeadas.

El comienzo era simplemente matador. “La receta”, “La foto de Zapata” y “Duro remedio”: un himno-clásico instantáneo, un reggae épico en la saga de “El romano” (veta que se extrañaría en los próximos discos) y un arrasador upbeat... “Instinto” podría terminar ahí nomás y, de todos modos, sería coronado también como lo mejor del reggae argentino… Pero no, encima tenía trece temas más. Como “Dreadlocks”, del que hablábamos antes; “Volar hasta allá”, “Seguridad”, “Rub a Dub” o “La magia”, vieja y suave canción del entonces guitarrista Gustavo “Tendón” Pilatti, hoy en Nonpalidece, que había quedado fuera de “Frecuencia Cafre”.

Los Cafres de entonces tenían la paradójica habilidad de sonar eclécticos sin correrse del género ni medio compás. Porque, como decían en “La receta”, “el reggae es belleza y no monotonía”. Así, tiraban lovers, rub-a-dub, reggae más “a lo británico”, dub, tempos arriba, abajo… Y en cada tema, en el mismo disco que marcaban que “esto es Argentina y no Jamaica”, Los Cafres instintivamente sentaban las bases del reggae latinoamericano (legalicemos el oxímoron). No por pioneros (Los Pericos e incluso Los Abuelos de la Nada y hasta Donald habían llegado antes), sino por saber más y tomárselo más en serio. Se nota en cada arreglo. Tomen la batería, por ejemplo, en manos de Adrián Canedo, que sólo continuaría en el proyecto hasta el disco siguiente. Canedo tenía por entonces una legendaria colección de vinilos jamaiquinos y así conocía cada yeite del rubro. O escuchen el entramado de las guitarras, el bajo y el teclado, sutiles, ajustados y, otra vez, distintos, renovadores. Unos innovadores ortodoxos que influyeron a cada una de las mejores (y también de las más derivativas) bandas de la actual escena de reggae latino. O de reggae-Cafre.

Más aún por el lado de las letras. Los distintos autores (no sólo Bonetto) resolvieron lo que ni Los Pericos ni la banda más under (ni Sumo, obvio) habían sacado: buenas letras de reggae en castellano. No casualmente, en el que muchos consideran el mejor disco de reggae argentino, no hay mayores referencias a los clichés importados de Jamaica con más frecuencia: Marley, el porro, el dios Jah, el rastafarismo, el trapo rojo-amarillo-verde… De hecho, en el único momento que toma el tópico rasta (otra vez, “Dreadlocks”), Bonetto lo hace más bien para desanimar, casi advertir, a los fans ansiosos por adoptar una nueva religión con el mismo impulso con el que se comprarían una tabla de skate. Al contrario, “Instinto”, más que un dogma exótico, sale a defender la libertad individual (“Duro remedio”, “Seguridad”, “Aguantar”, “Esa roca”). Se ve que en esas andaban Los Cafres entonces. Y si en aquel momento el rumbo pudo haber parecido incierto, quince años después (guau…) el presente parece confirmar que tan perdidos no estaban.

 

Daniel Flores

 

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