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Satélite-in-Blog

  • Cinco buenas razones para reactivar un blog

    Sin mayores excusas por los tiempos de baja inactividad, acá va media docena de razones, entre muchísimas otras, para volver a entrar en Satelite-In-Blog-"diez años":

    guerra.jpg1. Guerra: anoche (jueves 19), en el gran anfiteatro de Parque Centenario se presentó "Guerra", un musical con Fermín Muguruza (Kortatu, Negu Gorriak, etc), Albert Pla y otro que no recuerdo como se llamaba, de todos modos en un rol secundario. A pesar del frío y de algunas dificultades de sonido, propias de semejante espacio, el espectáculo estuvo muy bueno. Muy interesante, que Fermín se anime a algo tan nuevo y tan difícil, como sostener un espectáculo así, casi solo en escena, cantando canciones sobre pistas, "actuando" en una puesta de pantallas y efectos digitales, con los que interactúa con una coordinación muy ensayada. Se lo veía un poco duro, sí, pero en un muy digno papel. Pla, por su parte, mejor, más suelto, con un personaje más trabajado y definitivamente muy gracioso. La obra tiene el contenido social (antibelicista, sobre todo) que se puede esperar de Fermín. Como leí en un diario, "Guerra" es un musical hecho por tipos que odian los musicales, para un público que ni loco iría a ver el Rey León. Creo que ya no se puede ver por acá, así que la recomendación no servirá de mucho...

    2. Los Hamptons: qué bueno que finalmente haya salido "So What?" el disco de esta banda, tan diferente a todas. Si no los conocen, se los presento: es una banda que no tiene tres cantantes sino un trío, al frente. La apreciación es sutil, pero importante. No se trata de tres vocalistas sino prácticamente de una unidad con tres cabezas. Algo así. Cantan, como nadie más lo hace acá, rocksteady. Y este es su primer disco, que lleva ya un tiempo grabado (en hamptons.jpgKingston Factory, dónde más) y finalmente ve la luz. Incluye versiones de tríos vocales jamaiquinos y también algunos temas propios, tanto en inglés como en castellano. Y ahí toman un riesgo: mezclan rocksteady bien "tradicional" con letras en las que mencionan a Jujuy, San Luis y hasta el Trapiche malbec! El resultado puede poner en guardia, al principio, pero termina funcionando muy bien, si uno no es un ortodoxo. Me alegra mucho que finalmente llegue el disco debut de una banda que conocí hace unos siete u ocho años leyendo el fanzine de Kevin de Aggrotones, nada menos. Nota al pie: que el imponente trabajo de las voces no te impida escuchar las muy buenas guitarras. Discazo.

     

    gigantes_magneticos_powerofchoice_cover.jpg3. Gigantes Magnéticos: "Power of Choice" es otro gran disco para reconfirmar el alto nivel de la producción de música "a la jamaiquina" en Buenos Aires. Un seleccionado de talentos: Pety, de Riddim; Nico, de Riddim y Satélite Kingston; Jochi, de Aggrotones y varios etc; y siguen las firmas estelares, incluyendo a Val Douglas (Skatalites) en todos los bajos. Hay muchas cosas positivas para decir sobre este gran disco y de hecho ya lo he escrito en la contratapa. Pero agreguemos acá que el arte es, sin vueltas, el mejor que se haya visto en una edición de origen argentino (más allá de que este vinilo salga por un sello francés y otro español). Es realmente impresionante y el formato LP le hace justicia, por suerte. Disco del año, hasta el momento sin rivales (hey, "Todo el tiempo", de Satélite, salió el diciembre del año pasado!)

    4. Mash: imperdible restaurante de curry en San Telmo. Calle Defensa al 1300 (nueva locación, antes estaban en la calle México). Con el buen criterio de no catalogarlo como "indio" sino como "British". Porque a eso se dedican: a la versión británica de la comida india. Carta corta, de diferentes curries, y no mucho más, pero tampoco lo necesitan.

      5. Calexico. El jueves 9 de junio vuelve a tocar en Buenos Aires esta tremenda banda yankee. Que hasta ahora creía que nada tenía que ver con lo Jamaiquino que suele convocarnos en este blog, sino que cultiva un sonido bien fronterizo ente el soundtrack, el alt country y una especie de world music imaginaria. Sin embargo... escuchen: 

     

  • Ahora todos van a leer tu remera # 12: Madrid me mata, en siete pasos

    DSC_0050.JPGPrefiero no mirar el velocímetro, pero adivino que vamos bastante rápido por el Paseo de la Castellana en la Vespa 74 azul de Toni Face, con frío de madrugada y una fina lluvia de despedida del invierno, rumbo a la zona de la estación Colombia. Me preocupa un poco a estas horas la aptitud de Toni para manejar. Entonces fijo la vista en su casco, sigo sin mirar el velocímetro y me concentro en lo que pasó en las últimas diez horas, desde que llegué a Madrid y el mismo Sr. Face me buscó en el aeropuerto de Barajas.

    1. Casa Mingo. Mediodía. A menos de una hora de aterrizar en Madrid, estamos con Toni y Davo (ex saxo de la banda Lord Kaya & the Kinky Coo Coo’s, de Barcelona) en esta taberna asturiana fundada en 1888 sobre el Paseo de la Florida. Toni pide sidra y la sirve desde todo lo alto que da su brazo derecho y la ataja bien abajo con su brazo izquierdo, en un único vaso que va rotando entre los tres. Hay que tomarla de un trago y tirar lo que sobra al centenario y curtidísimo piso de madera. Acompañamos la sidra con queso Cabrales, que es como un roquefort asturiano. Lo pisamos, lo salpicamos con sidra y lo comemos con pan. Vaciamos, entre los tres, cinco botellas.
    2. Café Manuela. Pasamos a este elegante reducto de Malasaña, como para probar algo dulce. Pedimos variedades de café, torta de chocolate y... whisky. Deben ser las 6 de la tarde.
    3. Casa de Toni. Está bajando la temperatura, así que vamos a procurarnos abrigos. De paso, miramos algunos videos (uno hilarante de los Granadians y el de John Holt con orquesta filarmónica). Ron con hielo.
    4. La Antigua Huevería. Regresamos a Malasaña para encontrarnos con un argentino, Esteban Rial (ex Perdedores Pop, actual Esteban R Esteban), y con el Chino, que en verdad es madrileño. Compartimos unas cervezas mientras miramos los goles de la fecha (sin sonidote la tele, pero con música de AC/DC) en este pequeño bar sin mucho más que nuestra tertulia, una barra y una máquina expendedora de cigarrilos (vacía).
    5. Louie Louie. Prácticamente frente a la Huevería, este garito parece un museo con sus paredes cubiertas de memorabilia rockera, desde posters autografiados de Beatles hasta fotos de prensa de los Young Fresh Fellows pasando por un disco de oro de R.E.M. y varias guitarras quién sabe de qué héroe del indie madrileño. Cervezas y ron con Coca hasta que llega una vecina, en bata, para exigir que bajen la música.
    6. La Vía Láctea. El ambiente de este sitio recuerda al viejo Podestá, de Palermo, pero con primer piso en lugar de sótano. Decoración ochentosa, buena música y una barra de la que parten más tragos y cervezas. Siguen sin dejarme pagar nada.
    7. Garaje Sónico. Sin mucho resto que digamos, llegamos al más punky de los antros, con la ventaja de contar con su dueño entre nuestras filas (no lo tenía identificado, pero ya venía con nosotros desde tres bares atrás). Nos reciben con Cock Sparrer y La Polla Records. Sí, más cervezas y "cubatas". El anfitrión nos regala camisetas con el logo y la dirección del local, pero nos advierte: "Mejor que no las usen para dormir, como hacen todos".

    Más tarde, después de la loca travesía en la Vespa 74 azul, Toni, con la remera del Garaje Sónico puesta, está listo para ir a dormir. "Estuve hablando con una chica griega en el Garaje Sónico, pero no me acuerdo de nada más", me dice.

    Marzo 23, 2006

     

  • Flores en la basura (canciones encontradas 2015)

    Hace tiempo que Satélite In Blog no comparte un compilado de música nueva. Para retomar la tradición, bajá acá el compilado Flores en la basura. De esto se trata:

     

    Canciones encontradas/Razón de ser

    De día trabajo en un diario de Buenos Aires. Aunque compro, escucho y toco música y escribo sobre ella y hasta me hago el DJ cada tanto, nunca estuve en la sección Espectáculos de la redacción y siempre cubrí otros temas.

    Cada vez que paso junto a los escritorios de los especialistas en cine, rock, tele, etcétera, miro de reojo. Me llaman la atención las pilas de CD junto a las computadoras de los críticos musicales. Después de décadas de perder tiempo y dinero en disquerías de por lo menos 25 países, no consigo imaginar cómo será vivir con acceso ilimitado y gratuito a más música envasada de la que humanamente se puede llegar a escuchar.

    trashcd.jpgCada tanto, estos periodistas especializados dejan sobre una mesa neutral, cerca de los ascensores, los CD que reciben como promo y que por algún motivo no les apetecen. Algo, en el fondo, los previene de tirarlos al tacho. Así que parte de mi rutina laboral consiste en rondar esa mesa de saldos por si hay novedades, algo salvable, para escuchar. Tal es la medida de mis ambiciones profesionales en la cúspide de la corporación mediática. “The art of free-shit getting”, como decían los Beastie Boys en una nota-manifiesto de su vieja revista Grand Royal (tapa Lee Perry).

    Del 99 por ciento de las inspecciones no sale nada. Pero el sabor de los raros hallazgos producidos en ese otro uno por ciento (quizás menos) es… indescriptible.

    “Flores en la basura” compila las mejores canciones de rock hecho en Argentina que rescaté de esa mesa. Exclusivamente canciones perdidas, condenadas, marginadas, rechazadas, desestimadas por los expertos y al mismo tiempo (miren qué paradoja) intensas, lindas, sentidas, logradas o por lo menos interesantes, cuando no sencillamente increíbles.

    Cuesta entender las circunstancias en las que alguien flipearía entre cajitas, se detendría ante la de Viajantes o la de Norma o la de Gigio y entonces negaría con la cabeza, severo o aburrido, y las depositaría en la Mesa del Olvido sólo para darse vuelta y regresar despacito a su escritorio y dedicarse a asuntos más trascendentes. ¿Quién en su sano juicio podría abandonar, así nomás, el brillante debut de Los Planos o un CD rubricado con un nombre del tenor de “Mutantes del Paraná”? Es difícil dimensionar la pérdida de haber tenido entre manos una canción como “La hora de los magos” y… haberla soltado, para siempre, sin escucharla.

    A muchas de esas cajitas las sigo viendo ahí, en la mesa, después de tiempo, sin que nadie las levante. Unas pocas, en cambio, están en mi poder, felices, entre otros cientos de cajitas y sobres de cartón, contentas de convivir ahora en un hogar adoptivo donde son queridas y atendidas y valoradas. “Flores en la basura” es esa segunda oportunidad que parecía imposible desde la desolación de la Mesa de Saldos y que, justo por eso, suena aún más valiosa. Es una antología de canciones recuperadas para melómanos de buen corazón.

    Compilado por D.F. para Satélite-in-Blog

    BAJAR

    1. Viajantes. Hablar con vos.
    2. Crema del Cielo. Éxito.
    3. Pelea de Gallos. El rock vive de mi.
    4. Mutantes del Paraná. I Want To Break Free.
    5. Sol Pereyra. Tita.
    6. Daniel Melero. Líneas.
    7. Norma. 6 AM.
    8. Los Animalitos. Mi cumbia.
    9. Gigio. Amapola.
    10. Las Pelotas. Como se curan las heridas.
    11. El Vértice. Perros de basura azul.
    12. Los Planos. Odio decir.
    13. Emanero. La vida.
    14. Las Diferencias. Quiero saber.
    15. Viajantes. La hora de los magos.
    16. Ararat. Tres de mayo.
  • Zinerismo! (antitaller de periodismo punk)

    De los creadores de Satélite in Blog, Libros de Una Isla, el librito para colorear tapas de discos punks y otras barbaridades (como que Chikito termine publicando notas en La Nación!), ahora llega...

    Zinerismo! un taller exprés de periodismo punk


    ¿Escribís escuchando The Clash? ¿Tus mayores influencias literarias son Evaristo y Henry Rollins y tu Enciclopedia Británica es "Bedtime for Democracy"? La Feria del Libro Punk de Buenos Aires (el próximo sábado 14/11, en la Cultura del Barrio) te invita al primer taller exprés para editores de fanzines, no- periodistas y lectores compulsivos de fotocopias, a cargo de Daniel Flores (Libros de Una Isla, satelitekingston.blogspirit.com, etc). El taller es gratuito, pero se necesita inscripción previa. Para anotarse y o pedir más información, escribir a lamaneracorrecta@gmail.com

    Ahí nos vemos...

     

  • Ahora todos van a leer tu remera # 11: Siniestro Total, ante todo, miña terra galega

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    Yo quería ser vasco. No porque añorara un linaje de tamberos prósperos en la Pampa Húmeda. De eso no sabía nada a los 14 años. Lo que entendía entonces por vasco y lo que deseaba para mi, pero más aún para mostrarle a los demás, era ser una amenaza al status quo, un incómodo recuerdo de que todo iba mal en este mundo y que, en cualquier momento, algo iba a reventar; un país o una bomba casera en un cajero automático. Politizado, vindicativo y peligroso. Ya verían.

    Pero no era vasco. Nada, ni un bisabuelo medio euskera o que al menos hubiera cargado bolsas en el puerto de Bilbao o pasado una semana de vacaciones en la Concha de San Sebastián. Ni una hoja aislada en la rama más distante de mi árbol genealógico que pudiera exagerarse, un poco, como certificado de carácter e intransigencia.

    Pero, además, incluso salteando este insalvable escollo genético, había otro problema: la verdad es que en el fondo no tenía ninguna intención concreta de comprometerme seriamente en nada que estuviera más allá de una habitación de dos por dos, unos cuantos discos, cassettes, posters y libros y una Gibson Les Paul Studio negra. Menos que menos en una organización armada clandestina. Básicamente, la revolución a mediados-fines de los ochenta, para (pequeña) gente como uno, era el título de un discazo de La Polla Records.

    No, no era vasco y nada podía hacer al respecto. Pero había algo peor: era gallego.

    Mi madre era gallega. “Gallega de Galicia”, como se debe aclarar desde que los argentinos decidimos que todos los españoles, de Sevilla, de Burgos o de Santander, son “gayegos”. Gallega de Rianxo, una villa pesquera y poco importante, en la provincia de Coruña, cerca de la ciudad universitaria y peregrina de Santiago de Compostela.

    Y gallego, en Argentina, era sinónimo de bruto y vulgar, blanco regalado de un humor absurdo y pueril, no precisamente para show de Les Luthiers. Una broma. Para colmo, de Galicia, exactamente de Ferrol, era el dictador Francisco Franco, el generalísimo, el personaje más vergonzante del siglo en la península. Arduo desafío para el orgullo, si no se tenía un par de cosas claras. Yo no tenía ni media.

    sinisetro1.jpgJusto ahí apareció en escena Siniestro Total (una vez más, el punk rock salvando vidas inocentes). En algún momento hacia fines de los 80, mis dos hermanas mayores, aún adolescentes, pasaron un verano en las apacibles playas del pueblo de mis abuelos y de mi madre. En las playas y en la única y modesta disco de la localidad, donde hicieron muchos amigos, incluido el DJ. Tengo entendido que fue él quién, en la última noche de esas iniciáticas vacaciones, les entregó como recuerdo un TDK con canciones de rock español que volaría sobre el Atlántico hasta casa.

     

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    Por unas semanas, mis hermanas escucharon esa cinta obsesivamente, seguro con melancolía por aquellos soleados días de aventura y, quién te dice, romance en las Rías Baixas. Por propiedad transitiva (bueno, mi cuarto estaba junto al suyo), también me la aprendí de memoria. Aunque con el tiempo olvidé la mayoría de esas canciones pop, sí recuerdo bien al menos estas apariciones estelares: “Cuatro Rosas”, de los madrileños Gabinete Caligari; “Mierda de ciudad”, de los ultravascos Kortatu; y “Bailaré sobre tu tumba”, “Sonorice su templo”, “La matanza de taxis” y “Miña Terra galega”, de Siniestro.  

    Quedé impresionado, mucho más que mis hermanas, una fanática de Bon Jovi y otra de Alejandro Lerner. Conocía a Kortatu y La Polla Records, pero los Siniestro eran diferentes: tocaban punk rock con acento gallego. Insólito. Y eran de Vigo, la ciudad gallega más industrial, moderna, próspera y a la vez menos pintoresca, menos tradicional, menos religiosa y… donde vivía mi tío Juanjo, vaya.

    Al fin, algo gallego con onda. Porque, además de gallegos, los Siniestro eran buenísimos. En algunos aspectos, mejores que otros punkis ibéricos, especialmente vascos y catalanes. Para empezar, tenían un nombre increíble, de un ingenio superior. No tocaban ni componían mal, para el minimalista y explosivo estilo. Y eran muy, pero muy graciosos, algo que no ocurría en general, por ejemplo, con el grave y comprometido Rock Radical Vasco (salvo destellos del, ojo, también gallego Evaristo Páramos Pérez, cantante de La Polla).

    El humor era un rasgo muy relevante en su caso, como gallegos, porque de algún modo respondía de la mejor forma a todo aquel lacerante humor galeicofóbico. Si la devolución más efectiva a una burla es un chiste aún más agudo, bien colocado, Siniestro eran los reyes de la comedia con campera de cuero. Una nota en un viejo número de la Rock de Lux, histórica revista de rock barcelonesa, lo pasaba en limpio: la diferencia entre la Polla Records y Siniestro Total era que los primeros jamás le darían la mano a un fascista mientras que los segundos se permitirían la excepción sólo para reírse de él.

    Hacían algo más. En vez de disimularlo, los Siniestro ponían su origen gallego en primer plano, aunque jamás se aventuraban por el discurso nacionalista de tantos vascos. Traducían, por ejemplo, el “Rockaway Beach”, de los Ramones, como “Rock en Samil”, en referencia a la playa más famosa de su ciudad, a la que, por otra parte, le dedicaron el cañero “Hey, hey Vigo”. Otro de sus temas llamaba a “Matar hippies en las Cies”, unas islas frente a la costa de Vigo donde algunos niños de los 60 practicaban el nudismo y otras mañas del flower power. Y contaban con números, como “O tren” y “Volanteiro cabrón”, directamente en idioma gallego. Pero el himno total de Siniestro y del punk de Galicia sería, por afano, una de las canciones incluidas en el TDK de mis hermanas: “Miña terra galega”.

     

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    Los Siniestro habían transformado “Sweet Home Alabama”, de los muy poco punk Lynyrd Skynyrd, en una oda de pub rock a Galicia. Para el disco “Menos mal que nos queda Portugal”, de 1984, la reescritura corría por cuenta de Julián Hernández (en verdad, nacido en Madrid 24 años antes), que curiosamente entonces era el baterista, pero luego devendría en guitarrista, cantante y único miembro original hasta hoy.

    Aunque en castellano, no en gallego, la nueva lírica sobre la vieja música hablaba de esa tierra “donde el cielo es siempre gris” (mientras que la dulce Alabama es “siempre azul”), “donde la lluvia es arte” y “donde se quejan los pinos”, desde el punto de vista de un inmigrante como mis abuelos y los abuelos de millones de argentinos (aunque en este caso, el destino fuera “una isla del Caribe”, para “trabajar de camarero”).

    Al inmigrante éste lo “invade la morriña”, ese sentimiento sin traducción, que sólo se padece en gallego, pariente de la saudade portuguesa, pero con agridulces ingredientes autóctonos. Y así comienza a recordar una serie de tópicos del galleguismo, como Breogán, su mitológico rey celta; la muñeira, una danza típica; los alalás, otro formato folklórico; y, atención, la Liga Armada Galega.

    La LAG fue un grupo terrorista por la independencia gallega. Es decir una especie de ETA, pero de la Esquina Verde de España. Sin embargo, a diferencia de los etarras y su largo y temido prontuario de acción directa, la LAG tuvo una cortísima existencia entre 1978 y 1980, con solo un par de atentados menores sin víctimas fatales ni mayor conmoción social. No precisamente un ícono de las luchas populares y las trincheras revolucionarias, pocos supieron alguna vez de ellos. Muchísimos más son los que solo oyeron su nombre, al pasar, en “Miña Terra Galega”, sin tener idea de qué se trataba. Da la sensación que a Hernández todo el asunto le causaba un poco de gracia, casi como otro chiste de gallegos.

    A los Siniestro Total se los conocía por una frase, que curiosamente no era el título de un tema o un disco sino simplemente un lema suelto, escrito en una remera: “Ante todo mucha calma”, decía, en gruesa imprenta negra sobre blanco. En vivo, la banda completa solía lucir esa remera, que no tardó en convertirse en su emblema, de implícito estoicismo. Eventualmente, fue también el título de su primer disco en vivo, registrado en Valencia y lanzado en 1991.

    Triste pero cierto, durante los noventa, el hiper influyente periodista argentino Bernardo Neustadt posó para la tapa del popularísimo semanario Gente con una remera de “Ante todo mucha calma”, como las que regalaba ese verano en el balneario uruguayo de Punta del Este. No era su intención promocionar a los punkis vigueses sino editorializar un mensaje positivo en tiempos convulsionados, a siniestro2.jpgfavor de Carlos Menem, el presidente ultraliberal al que apoyaba abiertamente y que, en dos períodos, bien se las apañaría para colocar al país en una situación calamitosa, cero calma. Si para muchos Menem arruinó el país, para mi su socio Neustadt casi arruina la remera de Ante Todo Mucha Calma.

    Antes, en 1989, ya me había conseguido una de esas camisetas en Madrid, en una de las tres sucursales de la tienda-rockería Marihuana, nada menos, nombre que algo decía acerca del “destape” español en los ochenta. Fue durante el mismo viaje en el que conocí aquel Rianxo de mi familia. Una villa pesquera sobre la ría de Arousa, con un puerto surtido de barquitos para prácticas de estudiantes de bellas artes, la bonita playa de Tanxil, la Capilla de la Virgen de Guadalupe y un complejísimo entramado de… tres calles: la de Arriba, la de Abajo y, por supuesto, la del Medio, en la que se enfrentan los dos bares de siempre, el Feliciano y el Bar Ela (de un señor Varela, cómo no).

    Quisiera contar un cuento más romántico, pero lo cierto es que el pueblo, a mis 16 años, no me pareció la gran cosa. Quizás porque no había allí ni una sola disquería. Sólo un detalle me reconciliaba con el pago: en “Dios Salve al Conselleiro” (versión de “Dios Salve al Lehendakari”, de los madrileños Derribos Arias), los Siniestro aullaban: “El no es un botafumeiro Es solo un rianxeiro. Oh, oh, oh, ¡conselleiro! Dios salve al conselleiro” A esa solitaria línea podría resumirse la Historia del Rock Alternativo de Rianxo. De nada.

     

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    Veinticinco años más tarde, volví. Caminamos Rianxo con mi tío Juanjo, que de pronto entró en una vieja casona que ahora funciona como museo. Le preguntó al único empleado: "¿Puedo subir a ver donde dormía de niño?" El chico abrió la boca pero no llegó a contestarle y Juanjo ya subía decidido, como por su casa, las escaleras de madera en esta construcción centenaria de piedra, tres plantas, en la Rua de Abaixo, la única con teléfono de todo Rianxo en sus años de gloria.

    Allí funciona hoy el Museo Manuel Antonio. Poeta y marino, Manuel Antonio Pérez (1900-1930) fue uno de los máximos exponentes de la vanguardia literaria gallega a principios de siglo pasado. Republicano, integró las Irmandades da Fala, grupo intelectual impulsor del nacionalismo gallego y vigoroso defensor de su idioma, junto con otro destacado dramaturgo, ensayista y periodista también de Rianxo, Rafael Dieste (1899-1981). Ambos, seguidores del padre del movimiento galleguista, otro rianxeiro notable, Alfonso Daniel Castelao (1886-1950), político, escritor y caricaturista más recordado en Buenos Aires ya que allí vivió exiliado hasta su muerte. Pueblo chico, legado grande.

    El museo cuenta con una colección de objetos personales de Manuel Antonio, según aclara un pequeño cartel, “donazón da familia Domínguez Pérez”, es decir mi familia, la misma que jamás me habló del homenajeado, tío de mi abuelo materno. Una revelación.

    En uno de los cuartos me encontré cara a cara con una gigantografía y una frase del llamado Poeta del Mar: “Mi nombre encenderá una nueva estrella en cada constelación”. En otros rincones había libros, ejemplares de la revista galleguista A Nosa Terra y varias pipas de Manuel Antonio. Como Siniestro, Manuel Antonio me resultaba de algún modo más familiar y cercano que algunos parientes a los que prácticamente no había visto jamás. No era un iconoclasta a la euskera, no era el tipo enfrentando a la cana con una gomera de la tapa de Kortatu, pero sí un rebelde, acaso más bien lírico, al que los Siniestro le hubieran resultado unos tíos cojonudos.