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Satélite-in-Blog

  • Primicia excusiva mundial: el nuevo disco The Madness

    Hablemos de las elecciones.

    Hace una semana detecté en una librería de Florida, Vicente López, donde se venden algunos vinilos usados, una copia de The Madness. Edición nacional. 1988. 200p.

    Tuve ese disco grabado en un TDK. Y a pesar de mi debilidad, obvia, por Madness, siempre lo subestimé, nunca le presté atención. Ojo, creo que esto le pasó también a la misma banda: rara vez vuelve la mirada atrás para recordar nada de este disco.

    TheMadness-360x240.jpgQuizás tiene que ver con que mi grabación no era tan buena. Tan poco he considerado este disco que ni siquiera lo compré en esta nueva oportunidad. A los tres días le pregunté a Cotter qué pensaba y me mandó a buscarlo, sin dudar.

    Cuatro días después volví a local no exactamente por el disco sino debido a un compromiso. El vinilo estaba exactamente en la misma batea y en el mismo arriesgado primer lugar donde lo había dejado una semana antes. Pagué los 200 pesos.

    Llegué a casa y lo puse. Tal como imaginaba, el delgado vinilo argentino de los 80 no era ninguna maravilla. No era uno de esos vinilos por los que los apologistas defienden al viejo formato. Pero la grabación, en sí, tiene sus momentos. Incluso tiene algún vestigio “jamaiquino” que no recordaba para nada de las contadas veces que escuché The Madness en cassette.

    Milagrosamente, la edición nacional incluye una buena cantidad de “liner notes” o créditos. Vienen bien porque prácticamente cada canción está tocada por un ensamble diferente. Lo que da cierta idea de la inestabilidad del grupo por esos años.

    Los fans de Madness que lean esto dirán: “¿¡¿y este gil recién se entera?!?” Y tengo que reconocer que sí, no soy muy detallista con las grabaciones, las formaciones, las fichas técnicas. Para peor, tengo pésima memoria. Y, encima, no soy completista: no tengo “todo” de “nada”. Ni siquiera de lo que me interesa mucho. Básicamente porque casi nunca busco discos para completar una “colección” sino que espero a que “aparezcan”.

    Esto tiene una desventaja obvia: la ignorancia respecto de tantos asuntos y las lagunas insólitas en mi discoteca. Y una ventaja: por ejemplo, en este caso, se podría decir que hace años tengo ahí, esperando, un disco de Madness “nuevo” para escuchar en el momento que así lo decida.

    Así que un día volví a escuchar The Madness. Pero, la verdad, siento que no lo había escuchado nunca.

    I_Pronounce_You.jpgAntes hablaba de los créditos. Bueno, recién me entero que Jerry Dammers grabó varios de los temas. Y donde no está Dammers, está Steve Nieve, histórico ladero de Elvis Costello. Hay un tercer tecladista llamado Roy Davies, en algunos tracks. Engimáticamente, el disco está dedicado a su memoria. Parece que murió entre la grabación y la publicación del LP.

    Y está Bruce Thomas, el bajista también de los Atractions de Costello! Y los vientos de Potato Five. Y Dick Cuthell, de Specials. Y Falconer, de UB40.

    Me siento medio salame de estar comentando un disco que la mayoría de ustedes quizás conozcan de memoria. Pero, bueno, así es la cosa.

    El lado 1 no me mató, sinceramente. El lado 2, en cambio, me gustó muchísimo. Lo puse una y otra vez. Me llamó la atención que, lejos de lo que recordaba, varias canciones están a la altura del repertorio madnessiano. San Barson me perdone: entre Steve Nieve y Jerry Dammers, no se puede decir que se extrañe tanto al tecladista histórico de los Nutty Boys.

    Es así, Barson no está en este disco, que no es “exactamente” de Madness, sino de “The” Madness. Tampoco están Bedders ni Woody.

    “No besen a la novia” es mi tema favorito. Realmente podría sonar en cualquier compilado de Madness. Casi me suena a Dangermen, el momento de mayor reconciliación de la banda con Jamaica. “Canción en rojo” da un poco “Michael Cane II” (lo cual es realmente algo muy bueno). “El cuerno de David”, en cambio, es tan pop radial… Es de esos temas ochentosos que no envejecieron bien, un poco por la bata y los teclados, otro porque se escucha a una banda poniéndose un traje que les aprieta por todos lados. Curiosamente… igual me gusta. Pero me cuesta entender por qué a algunos fans de Madness puede llegar a agradarles esto a la vez que se indigestarían con un disco de, qué se yo, A Flock of Seagulls.

    Otra particularidad del disco, me parece, es que Chas canta prácticamente tanto como Suggs. De hecho, por momentos Suggs parece tímido, aunque en un momento del lado A se manda con un rap, quizás no con los mejores resultados.

    La influencia de Bryan Ferry y Morrissey es notoria. Mucho más que la de Prince Buster!

    “Te pronuncio” es el single. Como tal, debe ser uno de los más flojos en la brillante historia de Madness. “Mavilloso” tiene unos lindos teclados de Nieve y una batería electrónica digna de Depeche Mode, por momentos.

    Es casi gracioso que se diga que este disco fue algo así como “un nuevo comienzo” para los “ex Madness”. El gran cambio es que le agregaron el “The” al nombre! Y como nuevo comienzo duró poco: no hubo más noticias de “The Madness” y sí una vuelta en serio de la formación original.

    Así y todo, The Madness es más que una mera curiosidad en la discografía de Madness. Cotter tenía razón. Cotter siempre tiene razón.

     

  • Ska Unity #1: detrás de escena

    unity1.jpgSi entrás en un lugar y está sonando lo que parece ser una versión reggae de "Time of the Season", de los Zombies, ¿qué puede salir mal?

    Nada. Eso pensé el viernes pasado, 30/6, en Niceto. En las bandejas estaba Lucho Griguol, actual DJ y agitador supremo de la escena ska y de otros palos también, uno de los que más nos tirotean a los Satélites en los últimos tiempos con propuestas de fechas, siempre interesantes. Un dato importante si se considera que Lucho estuvo en los primeros shows de Satélite. Hace... ¿veinte años, ya? Como sea, me pasa últimamente que, donde esté (sobre todo si es de noche) escucho un tema que me llama la atención, entonces levanto la vista, busco de dónde viene y me encuentro en algún rincón con la imagen de Lucho sosteniéndo los auriculares con una mano, perilleando con la otra y sonriendo satisfecho...

    Era tarde. En el "primer turno" de Niceto había tocado uno de los guitarristas del Indio Solari y, parece, se había pasado un poco del horario. Eso hizo que se juntara una auspiciosa cantidad de gente en la puerta. Nada mejor que llegar para tocar y ver que la convocatoria es buena, en la vereda. También conté por lo menos tres Vespas estacionadas por ahí.

    unity2.jpgNo era un show más. Ninguno lo es este año para Satélite Kingston (sin la voz de Araceli, que acaba de ser mamá). Los 20 años, que estamos cumpliendo, nos tienen más… sensibles. Pero, además, era la primera Ska Unity, que tampoco era una fiesta más. 

    Por lo que se venía viendo en la previa, Ska Unity era una fiesta o una serie de shows o una organización que intentaba sumar esfuerzos, convocatorias, impulso, entre una cantidad de músicos, DJ y otros protagonistas cultores del ska en Argentina. Los primeros pasos de esta facción eran este Niceto y el lanzamiento de un compilado con bandas de ska, mayormente nuevas y del interior, muy sorprendentes.

    Detrás de Ska Unity estaba Hugo Lobo (trompetista de Satélite en aquel show, hace veinte años...), que justamente nos había invitado a participar y que decía en el camarín de Niceto que había encontrado una asombrosa cantidad de bandas de ska en el interior y que cada vez sonaban mejor. “¡Zárate!” “¡Córdoba!”, exclamaba impresionado. Le dije que así era y que debía tener que ver en parte justamente con la influencia de Dancing Mood. Hace años ya que en algunos viajes, con Satélite, nos encontramos con chicos que dicen hacer “una onda Dancing Mood”. Como antes pasaba con los Cadillacs y con Los Cafres.

    unity3.jpgMientras tanto, Martín Cueto, histórico de Satelite-In-Blog, estaba en las bandejas de Niceto. Mariano de Sombrero Club, otro agitador de Ska Unity y otro habitué de los primeros shows de Satélite Kingston, contaba que volvía a México, adonde ya viajó para tocar varias veces un repertorio de Sombrero, pero con backing band local. Y Cari, de Espías, decía que “no podía faltar” en esta fiesta. Espías tiene aún más años que Satélite y Cari ha sido una de las personas que más empujó por reunir de manera colaborativa a bandas no sólo de Argentina sino de toda América latina, desde hace años.

    En un pasillo oscuro de Niceto estaba Juan Velázquez, de los Intocables, otro DJ de la noche. A diferencia de otros mencionados, al cantante de los Intocables no es habitual verlo en este tipo de fechas. Parecía agitado, tomado por sorpresa por la convocatoria. Niceto no estaba repleto, pero había un muy buen número y una mezcla generacional llamativa. No siempre estas “fiestas” tienen un clima… festivo. En este caso, sí. Velázquez preguntaba si  habría tracks de Satélite con los que pudiera trabajar porque tenía el concepto, como DJ, de pasar sólo música remezclada en vivo.

    Había dos puestos con “merchandising” ska. Al menos el Chino, de Una Isla Club Records, estaba feliz con las ventas y con el interés de la gente. Implica mucho esfuerzo clavarse toda una noche detrás de una mesa con discos y no siempre el esfuerzo tiene recompensa. Como el Chino lo sabe, estaba doblemente feliz. Otro imparable remador de la escena.

    unity4.jpgFaltaba alguna gente, algunas caras, eso sí. Hay una parte del público “ska” que quizás no se siente cómoda en Niceto. Los entiendo, aunque no comparto del todo. Hay distintos tipos de lugares y se puede tomar lo mejor de cada uno en distintas situaciones. Eso pienso. En esta fiesta se “copó” un lugar para el ska, en sus propios términos, aprovechando lo mejor que nos podía dar y haciéndolo propio. Aunque también sea espectacular que se armen otras historias de manera ultra independiente, como lo que ocurre últimamente por Avellaneda y ni hablar de todo lo relacionado con la Cultura del Barrio o los shows de Staya. Su trabajo de años forma parte de la base que sostiene algo como Ska Unity, directa o indirectamente. Eso me parece a mi, que no organicé Ska Unity ni tampoco me doy mucha maña para organizar nada.

    unity5.jpgCreo que en Ska Unity efectivamente se reunió gente con mucho en común, que en algunos casos nunca había hecho nada junta (si bien Hugo tocó durante los primeros tiempos en Satélite, Satélite tocó sólo una vez o dos con Dancing Mood), muchísimo menos sobre un escenario de esas características y dimensiones y ante tanto público. Lanzar un compilado de bandas nuevas al mismo tiempo que Satélite cumple 20 años y Skabu Simbel vuelve a tocar... Todo indica que algo está pasando. Si esto funcionó así… ¿qué queda esperar para lo que se empezó a anunciar ahí mismo, esa misma noche, en Niceto? El segundo capítulo de esta historia va a ser el 29 de septiembre con… BAD MANNERS.

     

    FOTOS: Diana Mood

  • Kevin Fingier, de Los Aggrotones: "El que piensa que el reggae suena todo igual no entendió nada"

    Hace casi diez años que Los Aggrotones son una de las bandas más interesantes y movedizas en la escena de música de raíz jamaiquina en Buenos Aires (no sería justo poner sólo “reggae” ni “ska”, precisamente). Y una de las más prolíficas, con una discografía multiformato digna de grupos con el doble de tiempo vivido, que incluye simples 7” en sellos internacionales, lanzamientos con otros alias, invitados estelares y hasta un LP junto a Mimi Maura. A muchos, la produccón de Aggrotones nos deja pensando: "¡¿Cómo hicieron eso?!"

    kev.jpgDespués de algunos cambios de formación, el grupo, fuertemente instrumental, encontró una especie de cuarteto ideal, en guitarra-bajo-teclado-batería, y no hizo más que afilar su estilo, dominar las influencias y, curiosamente, al mismo tiempo sonar cada vez más personales y distintos. Unos días atrás, mostraron en el Salón Pueyrredón su sonido más actual, que combina las bases early reggae y rocksteady de siempre con melodías memorables y una renovada pátina “espacial” y psicodélica de sintetizadores, efectos e influencias, para muchos inesperadas, como Kraftwerk, The Cure y el post punk.

    Antes de su show de este viernes 30 en Niceto, dentro de la fiesta Ska Unity, con Hugo Lobo y Satélite Kingston, Kevin Fingier (27 años, de Morón), guitarrista, melómano, DJ, productor e inagotable socio fundador Aggrotone, conversó con Satélite-In-Blog sobre todas estas cosas y algunas otras, de una banda a la que hasta ahora escuchamos más tocar que hablar.

    (la formación se completa con Ezequiel (teclados), Fernando (bajo) y Jochi Descalzo (batería)

    SIB-Anoche tocaron en el Salón Pueyrredón y para mi sonaron muy bien, compacto y contundente. Pero no parecías tan conforme, ¿qué pasó?        

    aggrotones1.jpgK-Básicamente tuvimos muchos problemas técnicos y con el sonido. Además de escucharnos muy mal. Toda esa mezcla nos amargó bastante porque nunca entendimos si lo que sonaba afuera era lo que queríamos o no.                       

    SIB -¿Es que son muy exigentes con el sonido? Si pudieras ponerlo en palabras, ¿cómo definirías el sonido ideal de Aggrotones en vivo?

    K -La verdad, sí, somos exigentes con nuestro sonido. Para nosotros es lo más importante de nuestros shows. El sonido ideal de Aggrotones en vivo está lleno de reverbs, delays, muchos ruidos y dub, obviamente sin perder la esencia del early reggae que siempre tuvimos.

    SIB -Una de las cosas que se vienen notando en los últimos tiempos, en la banda, es ese matiz más "electrónico", de sintetizadores. ¿Cómo empezaron a experimentar en esa dirección?

    K -En realidad, esa parte espacial, de Moogs y sintetizadores, estuvo desde el principio, pero capaz antes se trataba de algún que otro tema, no más, y hoy tanto las cuerdas y sintetizadores, como los efectos de guitarra y batería, están presentes por lo menos el 90% por ciento de lo que tocamos. Los primeros años de la banda estuvimos buscando de una manera muy obsesiva poder sonar a las bandas de los 60, de reggae, como los Cimarons o los Upsetters. Sin perder nuestra esencia ni nuestra personalidad, obvio, pero que suene más a esas bandas que al sonido de early reggae “revival”, que la mayoría de las bandas tenían. Este objetivo creo que recién lo empezamos a lograr en nuestro primer 7", “Victoria Line”, y terminamos consiguiendo el sonido que queríamos en “10 Reggae Shots”. Naturalmente, lo que le siguió fue empezar a experimentar. No queríamos repetir fórmulas, sino empezar a inventar algo nuevo y más propio.

    aggrotones2.jpgSIB -¡Hasta metieron una versión de Krafterk! Me pregunto por qué lado les interesa Kraftwerk. ¿Escuchan esa música o simplemente les gustó el tema, de manera aislada, y lo incorporaron?

    K -Nos encantan tanto Kraftwerk como muchísimas otras bandas de otros géneros. Todo lo que vino despues de “10 Reggae Shots”, ya sean los shows o las grabaciones (algunas salieron, otras todavía no) están tan influencias por post punk y música experimental como por la música jamaiquina de los 60, 70 y 80.

    SIB -Tengo como sensaciones encontradas con Aggrotones. Por un lado, los veo como una banda con un concepto muy preciso, muy ajustado. Pero, por otro, los escucho, sobre todo en vivo, y me dan una sensación de gran libertad, de un espacio muy abierto, con mucho “aire”… No sé si estoy diciendo cualquiera. ¿Te reconocés en esta idea?

    K -¡No entiendo lo del aire!

    SIB. Ja, me refería a que Aggrotones me parece por un lado un grupo con un concepto muy claro y definido, muy ajustado. De nuevo, muy “conceptual”. Pero, a la vez, los veo en vivo y me parecen una banda muy libre, muy abierta a la improvisación… De eso hablaba. ¿Vos cómo lo ves?

    K -No tanto. Sinceramente, somos muy estructurados con casi todo y es poco lo que se improvisa en vivo, lo que no quita que muchísimas cosas surgieron de improvisaciones en ensayos, ni que el que siente que quiere meter algo no ensayado, lo hace y todo bien. Pero somos muy estructurados, esa es la verdad.

    siderales.jpgSIB -La experimentación puede ser todo un desafío para el público. Hay mucha gente que “escucha” reggae, pero no tanta que conoce realmente del tema. De esa poca gente que escucha reggae “en serio”, es menos aún la que sabe de early reggae. Y de esa minoría, tan acotada, que escucha early, ¿creés que tiene margen como para dar la vuelta y “entender” Kraftwerk (por ejemplo) también? O al menos disfrutarlo…

    K -Obvio que depende de cada persona y sus gustos, pero sí, creo que mucha gente puede disfrutarlo por el hecho de ser una propuesta distinta. Pero a la vez, tanto cuando nuestros shows eran 100% de early reggae y rocksteady clásico, como hoy, siempre lo que quisimos fue disfrutarlo nosotros y que nos guste a nosotros, ¡eso era lo que nos importaba más que nada!

    SIB -Quizás a veces se pierde de vista que mucho reggae de los sesenta ERA esencialmente experimental. Que había una especie de carrera (no entre todos, pero sí entre algunos) por ver quién salía con el sonido más particular, la idea más loca, con algo que revolucionara la escena… ¿Vos cómo lo ves? Todo lo contrario de esa crítica cliché que dice que todo el reggae suena igual, siempre lo mismo.

    K -¡Totalmente de acuerdo! De hecho, con Ezequiel (tecladista de Aggrotones) siempre dijimos que nos considerábamos una banda de música experimental, porque consideramos, como decís, que el early reggae es música experimental. Algo que no opino del ska ni del rocksteady, por ejemplo.  Canciones como “Lee Arab”, de Ernest Ranglin, “30 60 90”, de Jackie Mittoo, o “Organ Man” de The Setters (por nombrar algunas), no pueden únicamente entrar en la categoria de "early reggae", son temas mucho más flasheros que la mayoría, donde claramente la idea no era seguir una fórmula y ya, si no experimentar y hacer algo distinto!

    Y, obviamente, el que piensa que el reggae suena todo igual no entendió NADA!

    SIB -¿Cómo viene el nuevo disco que grabaron?

    K -Alrededor de septiembre va a salir nuestro nuevo LP, que grabamos antes de grabar el disco con Mimi Maura, y finalmente ya está en fábrica. Hay tres covers, que un poco también van de la mano con el sonido del disco: Uno de The Cure, uno de Dusty Springfield y uno de Alton Ellis, y contamos con tres invitados: ¡Derrick Harriott nuevamente, Locksley Gichie, de los Cimarons, y Hollie Cook! La búsqueda fue llevar al estudio lo que veníamos haciendo en vivo, por lo que es un disco muy distinto al anterior, con muchos más efectos, cuerdas y oscuridad. Se experimentó mucho y se buscó que no sonar a otra cosa sino a Aggrotones, y que cada uno perciba o se imagine las influencias que hay detrás de cada tema.

     

    aggrotones3.jpgLos Aggrotones, discografía completa

    .Moods (CD - Una Isla Club Records)

    .Victoria Line/Cero (Vinilo 7" - Jewels Recordings)

    .Are you for real (Con Pat Kelly)/Atlántico (Vinilo 7" - Interrogator Records)

    .Carl Levy's Mood (Vinilo 7" - Jewels Recordings - Split con Gigantes Magneticos)

    .Born To Lose/Stop! In the name of love (Con Los Hamptons) (Vinilo 7" - Jewels Recordings)

    .10 Reggae Shots (Vinilo LP - Interrogator Records / CD - Una Isla Club Records)

    .Guns Don't Argue/Riding to Sonora (Vinilo 7" - El Paso Records) Bajo el nombre de The Undertakers

    .Los Siderales Parte II (Vinilo 7" - Magnetic Corporation) Bajo el nombre de Los Siderales

    .Lady of My Dreams/Darker Than Blue (Con Joe The Boss) (Vinilo 7" - Interrogator Records)

    .Stormy: 60's Soul Tunes Inna Reggae Style (Con Mimi Maura) (Vinilo LP/CD - Canary Records)

  • Exclusivo! The Specials en NYC!

    IMG_20170609_221259910.jpgViernes 9 de junio de 2017, Brooklyn, NY

    Las luces se apagan, empieza a sonar una orquestación de cuerdas grabada, en modo suspenso. Estoy a un minuto, como mucho, de ver a los Specials por primera vez. En la destacada sección Two Tone del álbum musical de mi vida, ya están tildadas las figuritas difíciles de Bad Manners, Madness y Selecter. Falta The Beat. Y estoy por abrir el sobre en el que ya sé que vienen Terry Hall y cia. ¿Cuántos alrededor mío estarán en la misma situación?

    El Brooklyn Steel parece ser una ex fábrica de ladrillo a la vista reciclada en sala de conciertos con todas las prestaciones, decorada con ventiladores industriales y máscaras de soldador. Deben entrar más de mil personas, pero no está llena. Queda en la calle Frost, de Brooklyn, por supuesto, uno de los cinco distritos que componen Nueva York, el que está al sur de la isla de Manhattan.

    La entrada cuesta 50 dólares. En la puerta, los de seguridad se manejan como estudiantes de hotelería en Suiza. A uno le preguntamos antes de entrar si en el lugar servían comida. “Lamentablemente no, pero si así lo desean puedo darles algunas recomendaciones en la zona. Por favor, háganmelo saber”, nos dijo con mueca de botones del Ritz. Al que, ya adentro, le compramos la remera oficial nos trató con la misma deferencia y cobró con tarjeta de crédito por medio de un Ipad. En la barra se hicieron de nuestros dólares a cambio de cervezas Blue Moon como si se tratara del bar de un club de caballeros en Cambridge.

    Como si algo de eso importara cuando los tipos aparecen en escena y se terminan las cuerdas. Y el baterista nuevo, un “afroamericano”, marca los primeros golpes de… ¡Ghost Town!

    Hay que tener mucho repertorio, un largo resto, para salir y tirarle al público, en la cara, semejante bestia. La mayoría de las bandas del universo, en el milagroso caso de contar con un Ghost Town en la manga, después de eso deberían saludar e irse a casa. Para los Specials, en Brooklyn, en junio de 2017, ese es sólo el aperitivo. Les queda mucho más.

    Desde el comienzo, los roles se reparten muy claros entre los tres Specials que siguen a bordo. Lynval tira de la banda y es el enlace enérgico con el público. No sé si será así realmente, pero parece el responsable de que estos tours se concreten. Lo imagino haciendo los llamados, en la previa. Y ahora va de un lado a otro del escenario, arenga a su compañeros y al público, está en llamas.

    IMG_20170609_221327342.jpgHorace Panter no dirá una sola palabra, ni una, durante todo el show, aunque sí se lo notará por momentos conmovido. Y definitivamente es el que sostiene la estructura musical del asunto, como una especie de defensor central aguerrido. Su bajo predomina en la mezcla, eso también es notorio.

    Terry Hall, en cambio, se agarra del micrófono como si ese fuera el único recurso para no salir corriendo en la mitad de cualquier tema.

    La voz de Coventry está entre dos opciones: el ataque de pánico y la sorna. Y en su caso nadie podría decir que esas sean alternativas excluyentes.

    A Ghost Town le siguen Friday Night, Do Nothing, Stereotype, Man at C&A, Blank Expression. La estrategia es un primer tiempo a tempo reggae. Eso recién se corta con Rat Race.

    Entonces Lynval tiene su momento con Why y con una versión minimalista de la minimalista Redemption Song, junto con el guitarrista nuevo. Me cuesta considerar esa elección a la altura de la leyenda Special. Pero por otro lado supongo que esa misma leyenda es la que permite hasta semejante obviedad Marleyana. Tampoco entiendo al guitarrista nuevo. No es Roddy, desde ya. Y está bien no haber tomado a un imitador de un músico genuinamente único. Pero, ¿qué tal al menos alguien filo-ska? ¿Filo reggae? Tengo la sensación de que con el tecladista de barba hipster y los vientos la pegaron un poco más. Pero este guitarrista… ay.

    Terry Hall no está del todo convencido con lo de Redemption Song, se ve. Cuando vuelve al escenario le dice a Lynval: “Eso fue hermoso. Eso fue... muy Celine Dion”. No creo que haya sido un elogio. Y me recuerda a esas veces que, en una banda, tenés que tolerar ciertas cosas de tus compañeros (en mi caso, quizás más bien mis compañeros de mi…). Lynval sonrió. Tampoco mucho.

    Lo bueno es que el tributo semi acústico a San Marley da paso a Nite Klub, Dawning of a New Era (otro favorito personal), Gangsters (ay) y Concrete Jungle.

    IMG_20170609_215310364.jpgTerry Hall sigue con su show aparte. Se presenta: “Hola, mi nombre es Terry Hall y soy maníaco- depresivo”. Uno podría pensar “exagera, hace un papel”. ¿Pero qué pasa cuando llevás casi cuarenta años haciendo el mismo unipersonal? Más que una actuación es el rol que te permite funcionar en el mundo, el angosto espacio que encontraste para circular en esta vida. La mayoría de los maníaco-depresivos calculo que nunca encuentra esa brecha. A este, dentro de todo, le fue bien. Así está, pantalón y camisa negros, encorvado y panzón. Robert Smith fumado. Prácticamente inmóvil. “Antihéroe” sería poco. La copia negativa de la estrella de rock. Y así y todo, la ecuación le funciona. Esta ecuación le salvó la vida, eso es oficial. En algunos pasajes hasta parece entreverse que así lo entiende él mismo, que por eso aguanta estar ahí, a pesar del dolor inexplicable, que, cuando se transparenta, conmueve.

    Rudie, Monkey Man, Enjoy Yourself. Todas increíbles. No queda tanto de “aquellos” Specials, pero lo que queda es extraordinario.

    Recién en esa recta final, el correcto público neoyorquino reacciona en serio. Se arma un mini pogo, se ven más sonrisas emocionadas. Se me pasó mencionar antes que estamos rodeados por tipos solos o de a dos, de entre cuarenta y cincuenta años. Muchas Fred Perrys y Martens nuevos. Sospecho de algunos padres de familia-oficinistas en un fin de semana excepcional fuera de casa. No los critico. Los entiendo. Simpatizo, te diría. Pero extraño un poco a “los otros”, que podrían ponerle más garra a la platea.

    IMG_20170609_223212206.jpgYou Are Wondering Now. Veo la lista en el monitor de Lynval. Es un spoiler, esto se termina. Now, you are on your own. Afuera, Brooklyn, un lugar extranjero. Caminar despacio hacia la estación de subte. El álbum está casi completo, quemen el álbum. Specials.

  • Satélite Kingston, 20 años: cuatro fotos en blanco y negro

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    Fue hace 20 años. El primer show de Satélite Kingston. Con las Plantas de Shiva. La primera formación, claro: Alejandro Pribluda, en guitarra y voz. Andrés Cotter, bajo. Sebolla Paradisi, batería. Hugo Lobo, trompeta. Juan Manuel Ramos, saxo. Daniel Flores, teclado.

    ¿Qué recuerdo de esa noche? No voy a chequear ningún dato para escribir esto. Ni siquiera le voy a preguntar a Cotter, que 20 años después está siempre ahí en línea para responder.

    La mayoría de mis recuerdos son en blanco y negro. Porque la mayoría de mis recuerdos son en fotos blanco y negro. No es tanto lo que recuerdo directamente como lo que recuerdo por las fotos que tengo de esa noche y que miré mil veces. Porque ese día de mayo de 1997, la noche del primer concierto de Satélite Kingston, fue también la noche de la primera sesión de fotos de la banda.

    Mis amigos Miguel Palacios y Carola (hoy en Bariloche) en ese momento experimentaban con la fotografía y se ofrecieron a retratarnos antes del show. Seguramente, después de la prueba de sonido. 9, 10 de la noche.

    Todo esto ocurría en el barrio de Colegiales, en una casa que se alquilaba para fiestas. Miguel y Carola nos sacaron fotos a pocas cuadras del lugar, en un puente ferroviario sobre las vías del Mitre. También en una esquina en la que había un antiguo buzón, de los colorados. No es que recuerde nada de eso, pero todavía tengo las fotos dentro de un sobre de papel fotográfico Ilford tal como me las entregó Miguel unos días después. Estamos todos impecables: Martens, sombreros, trajes, camisas. Ale tiene unos pantalones escoceses. Yo, un traje oscuro de tres botones. Cotter, los zapatos two tone que heredó de uno de los Intocables, creo. Juan es el único de corbata.

    El problema es que sólo sacaron fotos antes del show. Del concierto no hay nada. Por lo tanto, del concierto no recuerdo nada.

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    Ahora ni siquiera tengo las fotos conmigo porque se las pasé a Nano, actual trompetista de Satélite, para un proyecto en el que estamos trabajando. 20 años después. Pero imposible olvidar mi favorita: es una foto difusa, no sé si mal sacada o mal impresa, durante la prueba de sonido. Ahí se ve el escenario de un metro de altura, medio precario. Apenas se distingue a Cotter y a Ale Pribluda, tocando. Los demás somos manchas grises. Pero delante del escenario hay una silla de madera y sólo dos personas. Uno es Martín Cueto y el otro era un pibe que venía siempre a vernos, pero no recuerdo el nombre. Entiendo que tiempo después se hizo evangelista, ¿puede ser? Podría ser. Los dos tienen sombrero. Me encanta esa foto y la usamos para la contratapa del libro “La manera correcta de gritar”. Gran foto de contratapa de libro.

    Me gusta mucho esa imagen porque creo que representa bien algo del ska. Cierta soledad de sus fans…

    Otros recuerdos de esa noche tampoco son memorias de esa noche sino de cosas que me contaron años después. Por ejemplo que DJ Simón fue uno de los DJ. O que estuvo ahí Mariano, de Sombrero Club. Lo curioso es que no sólo olvidé lo que pasó esa noche sino que también olvidé mucho de lo que me contaron después que ocurrió…

    ¿Qué habremos tocado? No es que lo recuerde sino que puedo deducirlo: “Dulcinea” y “Sigo Igual”, los dos temas que grabamos para el compilado “Skamanía”, de esa época. Probablemente “Lamento del río” y “Locura de octubre”, dos de los que grabaríamos en el primer disco. ¿Covers de Bad Manners y Specials? Seguro. ¿“Mensajes”? Realmente no tengo idea, no sé si ya lo teníamos listo.

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    Sé que el lugar se llenó. Fue toda una sorpresa. Si bien Cotter, Sebolla, Juan Manuel y yo veníamos tocando juntos en Riddim, este era un debut de otra historia y no sabíamos qué esperar. Vino una cantidad de gente que incluso hoy significaría un éxito para Satélite (¡!). Fue una noche de euforia. No sé si eso es un recuerdo o una sensación. Durante años, incluso hasta ahora, me encuentro con gente que me comenta que estuvo ahí. Augusto Clash, por ejemplo.

    Todos los músicos de esa noche, los seis, hoy vamos por caminos diferentes. Soy el único que sigue en Satélite, aunque sinceramente siento que de algún modo Satélite sigue siendo “su” banda. Hay varias razones para eso. Una, es que Satélite sigue existiendo y sigue haciendo básicamente la misma música que entonces (aunque creo realmente que lo hacemos un poco mejor). La otra razón es que todos esos músicos siguen también escuchando “esta” música. De eso no me olvido.

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