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  • Papá Ronnie...

    Mi abuelo Basilio venía de una familia de campesinos ucranianos. Había rajado de Europa con los padres, Pedro y Ana, y mi abuela Carolina cuando los rusos invadieron su país. Llegó primero a Paraguay, quizás por algún tipo de beneficio que se ofrecía entonces a los inmigrantes. Pero en Paraguay lo picó una víbora y lo mandaron a atenderse en Misiones y, después, a terminar de rehabilitarse en Buenos Aires.
    Acá comenzó a laburar, entre otras cosas, de apicultor, de sastre y de profesor de música especializado en violín. Además, se metía en cuanto coro ortodoxo ruso hubiera. Creo que vivió primero en Villa Celina, pero después se mudó a Villa Lugano, a la casa donde muchos años después mis padres se casarían, y donde había almohadones con 7224b3d0935a156a2205ec8fd9f1a4ae.jpgguardas ortodoxas rusas, mamushkas y otras cosas tradicionales.
    Era un tipo bastante culto, de charla agradable, pero también muy duro. Hasta sus hijos lo trataban de usted. Odiaba a los comunistas a los judíos y a los católicos. ¡Una maravilla! En los años setenta volvió a su tierra y regresó aún más enojado con todo porque aquellos campos de trigo sembrados hasta el horizonte que él siempre recordaba se habían convertido en baldíos. Su pueblo ya ni siquiera existía.
    Las fiestas familiares eran bárbaras. Comían cosas raras, típicas, que preparaba mi abuela, y chupaban mucho. Por su cultura del frío estaban acostumbrados a tomar y se picaban rápido. Comenzaban a cantar canciones populares, se ponían todos de pie y al cuarto brindis estaban todos coloraditos hablando en ruso.
    Basilio tuvo dos hijos, mi viejo y un hermano menor. Mi papá, que nació en 1945, siempre chocó bastante con él, aunque en algo lo siguió desde temprano: la música. Los Beatles lo mataban. Le gustaba Elvis, también, pero no recuerdo que le interesaran el tango o el folclore. Por lo visto era más bien popero. Y
    ya en la secundaria tocaba el teclado con Los Tammys, justamente haciendo covers de los Beatles, y andaba muy bien. Era una especie de celebridad cuando conoció a mi mamá, también inmigrante, pero italiana, en segundo o tercer año de un normal de Ciudad Evita, cerca de la escuela de Gendarmería. Con el verso de que lo ayudara a estudiar italiano, empezó el romance.
    No sé cómo se formaron Los Tammys, pero sí que tuvieron éxito, especialmente en Colombia y Venezuela. Papá llegó a comprarse un departamento, autos; parece que veía buena plata, aunque después los vaivenes económicos lo dejaron en cero.
    Cuando se casó creo que ya no estaba con la banda sino con el proyecto solista de Ronnie Montalbán. Se tiene que haber ido a los 20 o 21 años, antes de la colimba, que hizo después de pedir prórroga como tres años seguidos para no cortar su carrera musical. De hecho, Los Tammys siempre lo cargaban porque, si seguía así, iba a ir a la colimba como “veterano”. Lo curioso es que cuando finalmente fue al servicio militar tuvo bastantes concesiones. Lo mandaron a trabajar en la cocina y hasta le permitían dar entrevistas en el cuartel. Me acuerdo de haber visto el recorte de una revista con una foto suya, recontrafashion, con birrete y pelando papas. El título era “El colimba cantor”.

    (Martín Bilyk, hijo de Ronnie Montalbán)

    continuará...

  • Bloglencia (entre otros títulos igual de malos)

    En televisión, las publicidades que adelantan la transmisión de una carrera de Fórmula 1 siempre se arman con imágenes de choques de carreras anteriores. NADIE (me creerían “casi nadie”?) más o menos decente quiere que ningún automovilista muera en plena competencia. Y sin embargo las publicidades estas “prometen” que al menos un par se van a dar una buena piña de la que difícilmente salgan vivos.

    Pocos, por antiviolencia que sean, se resisten a la tentación de detenerse a mirar una pelea callejera a la salida de un boliche, entre un taxista y un motoquero o entre dos gordos de la popular de All Boys.

    También los blogs funcionan mejor cuando hay sangre. Cuando dos o más foristas se desafían a duelo de
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    caballeros o cuando se muelen a palos sin ninguna elegancia. Como sea, cuando aparece cierta cuota de violencia, la cosa toma ritmo. Aunque muchos de los mismos bloguistas que se enganchan alegremente en semejante efectismo seguramente tienden a señalar y criticar con dureza estrategias similares del periodismo amarillo, sensacionalista o Crónicateveista. Pero ninguno se pierde una buena pelea, ni loco. O mejor dicho: ninguno de nosotros se pierde una buena pelea, ni loco.

    Si no, que lo cuente nuestro común amigo Chalaman, con su mal seudónimo (quizás intencionalmente malo) y sus comentarios con muy variados rangos de humor, efectividad, ingenio y maldad. En cuanto apareció, el blog, este blog, se agitó como pocas veces. En cuanto se esfumó en el aire, las aguas se calmaron también como pocas veces.

    Para mí, más allá de que no me gustaron algunos cosas que puso sobre algunos amigos, la participación del pibe este fue bastante divertida. Sobre todo cuando hicimos el meeting en Alabartola, hace unos días. Porque, hay que reconocerlo, en el bar todos hablaron del tema, de si vendría Chalaman o no, de si Chalaman era el flaco que acababa de entrar o si era la chica que recién se había ido… Y más gracioso aún fue que, tras su aparentemente frustrado debut público, el polemista estrella del mes contraatacara diciendo que, cual fantasma o espía, en realidad SI había estado en la fiesta, dando detalles sólo conocidos por quienes anduvieron por Villa Crespo esa noche (salvo que dijo que yo era “frío y distante”; eso lo podía saber de cualquier otra oportunidad).

    Entonces la cosa se puso casi aún más interesante. Porque varios empezaron a sospechar más seriamente que Chalaman… estaba entre nosotros! Claro, no había precisamente 1500 personas en Alabartola, así que necesariamente tenía que ser alguien no sólo conocido sino casi un “amigo”.

    Creo que varios, de hecho, ya identificaron a Chalaman. O creen haberlo hecho. Están bastante seguros. Así me lo dijeron.

    Yo, lo lamento por Chalaman, pero así como me divirtió leerlo y contestarle, no pensé mucho en quién sería. No sé, por ahí no tuve tiempo. Aunque escriba esto ahora.

    En realidad, escrib por otra cosa, por esto: me pareció que bajaba el nivel, Chalaman, cuando dijo pomposamente “Chalaman somos todos”. El punto, me parece, era otro. El punto era más bien que “todos necesitan a Chalaman para entretenerse un rato”. Aunque se enojen con Chalaman (y no tengo ganas de decir el nombre que dicen por ahí…) la verdad es que todos o la mayoría lo recibieron con los brazos abiertos. Igual que la gente suele pararse a mirar (horrorizada) una buena pelea. Y no está bien, ni mal, supongo yo.