Este jueves, vuelve a tocar en Buenos Aires Tonino Carotone. ¿¿Quién?? Cómo que quién: Tonino Carotone. Un vasco con nombre artístico italiano, italianamente cómico, que vivió en Grecia y flirtea con la música española, italiana, griega, balcánica, argentina, norteamericana (claro) jamaiquina (incluso SKA!!) y probablemente también extraterrestre. El del hit "Me cago en el amor". Un tipo flaco, bajo, de voz aguardentosa, bigotes finitos, chupines, remeras enigmáticas, bastón, sombrero, pésima memoria, elegancia lúmpen y mirada vidriosa. Y labia, mucha labia. Labia para largas noches, para interlocutores casuales, para tugurios, garitos, piringundines y sótanos. Y cientos de canciones, propias y ajenas. Más ajenas que propias, por ahí.
Si no me equivoco, la primera vez que vino a Buenos Aires lo hizo con Manu Chao, en aquel primer show del ex Mano Negra en Obras, a pleno. Manu Chao le edita los discos a Tonino. Ya tiene como tres. El último salió hace muy poco, se llama "Ciao Mortali" y es el que va a presentar este jueves en la Trastienda. Es el mejor de todos y mezcla a Fausto Papeti con Daniel Melingo (Carotone realmente admira a ambos).
La segunda vez que visitó esta ciudad fue en 2007, si no me equivoco. Hizo un par de shows, ya sin Manu Chao, acompañado por una banda con músicos de Satélite Kingston, Me Darás Mil Hijos, Pequeña Orquesta Reincidentes y Los Cocineros. El show de Niceto estuvo especialmente bueno. Yo toqué el piano. Y ahora voy a volver a tocar con Tonino, otra vez con músicos argentinos, aunque en esta ocasión seremos menos. Hubo que aprenderse o reaprenderse, según el caso, como veinte canciones. Algunas, muy bonitas, por cierto.
En este video se ve "un ska" que canta no Tonino si no su mujer en un momento del show:
Tonino llegó a Buenos Aires ayer, lunes, desde Chile, por donde pasó su tour. Vino con manager, mujer-corista, guitarrista y un amigo o algo así. Nos encontramos todos por primera vez en una sala de ensayo de Abasto de la que algún día habría que escribir un post aparte. Los muchachos aparecieron bastante más tarde de lo que se los esperaba. Y se notaba que venían, digamos... de muy buen humor.
Yo creo que Tonino no me reconoció, a pesar de los shows de la otra vez. Pero tanto a mi como a los demás nos saludó entusiasmado. Estaba con su sombrero y su bastón, con ese look de dandy postapocalíptico que lo caracteriza. Tonino podría ser un crooner en un bar para cyberpunks borrachos de aceite de motor en un oasis de Mad Max III.
El maldito corrector automático (la culpa es mía por no desactivarlo) insiste en cambiarme "tonino" por "tonito". Y Tonino anoche insistía con que se notaba que la habíamos "currado" y que sonábamos "finos" y nos daba la mano y sacudía su bastón y daba unos pasitos de baile en el medio de la sala, de pura felicidad. Así que nosotros estábamos contentos también. Y aliviados, porque todavía recordábamos el primer ensayo de nuestra anterior aventura carotona: al primer tema Tonino parecía querer incendiar Buenos Aires antes de partir raudo hacia Ezeiza, mientras apoyaba la frente contra una pared de la sala y pedía a su manager algo para el estómago. Todo porque no nos acordábamos bien un par de partes. Al final, de madrugada, se fue zigzagueando por Corrientes, hacia Chacarita. Quién sabe cómo terminó eso, aunque no es difícil adivinar. Aunque este es un tipo impredecible. Así que vamos a ver qué pasa en los próximos días. O mejor dicho, en las próximas noches.
Al que pueda ir, yo le diría que no se pierda este show, este jueves en La Trastienda. Realmente vale la pena, si es que implica alguna pena. Una experiencia musical al margen, en serio.