Tomás Abraham, hoy, en el diario Perfil (cualquier similitud con Satelite-in-blog y sus comentaristas es pura casualidad nomás):
"En el mundo de la comunicación que se diagrama hoy en día, el hecho de que haya miles o millones de personas que escriban sus puntos de vista acerca de todos los temas, y en especial de las actualidades que los medios trasmiten diariamente, conforma el mundo de la contraopinión. Así es el ágora democrática. Tiene su costo y provoca sus malestares. Lo mismo aconteció cuando aparecieron los grafitis que no sólo ensuciaban las paredes.
Hoy los blogs son parte de una red alternativa al dispositivo de poder que selecciona la información e impone las agendas, el vocabulario, los valores y los personajes de la actualidad."
"Los que escribimos y publicamos en blogs tenemos todo tipo de comentarios y toda la gama de comentaristas. Están los que nos degradan, los que no entienden nada, los monotemáticos que siempre hablan de lo mismo, los fanáticos. Pero también se expresan aquellos que tienen buena información que no circula, opiniones polémicas que vale la pena debatir, y aquellos que nos alientan y agradecen por nuestro trabajo.
El mundo de los bloggers es peligroso. Las psicopatías son habituales y las descargas emotivas frecuentes. Es la misma gente que escucha radio, ve televisión y lee los diarios. No es de otra especie. Sólo que en los blogs expresa todo lo que se le venga en ganas al no tener rostro ni voz y con la sola identidad de las palabras escritas. Pero además se relacionan, y entran en contacto personas de Marcos Paz con otras de Lyon, alguien de ochenta años con otro de diecinueve. No es un feliz domingo, pero tampoco un martes a la tarde."
"Con los bloggers nadie queda inmune de recibir un tomatazo de palabras. Ocurre en todo el mundo y en todo el mundo hay quienes se quejan. Pero los insultos no llueven por azar. Son extensiones de la atmósfera que se vive en el campo de la cultura y de la política cuando se tocan ciertos temas. La zona sagrada está custodiada por fundamentalistas de todo tipo que se levantan con ira cuando se les toca algún tótem de la cultura nacional o cuando ven amenazada una efigie de su panteón personal."
"La solución es fácil. Aquel que tiene un portal comercial puede cerrar la posibilidad de los comentarios. Si no lo hace es por razones que tienen que ver con el negocio que cuidan ya que a los lectores-clientes puede gustarles escribir y ser leídos. Se puede dar el caso de que personas con poder decisorio sobre un sitio digital tengan quienes se hacen cargo de la selección de los comentaristas y conserven los laudatorios y borren los agresivos. No es la única ni la peor forma de censura existente ni la más original muestra de deshonestidad.
Creo que este fenómeno de la palabra digital circulante es irreversible. No es una cuestión de estar a la moda ni de modernidad. Es la inventiva tecnológica que no sólo acierta con los mecanismos de control sino que tambien abre espacios de libertad. Y la libertad no es siempre linda, ni siquiera inteligente. Tampoco lo es la mentada seriedad profesional."
(la nota completa, acá)