Ok

By continuing your visit to this site, you accept the use of cookies. These ensure the smooth running of our services. Learn more.

  • R.I.P., Tower

    medium_Tower_20Records.jpgChau, se acabó Tower Records. Y al que diga que en realidad Tower todavía vende discos en Internet, simplemente le repito: se acabó. Hace algunas semanas todos los locales de Tower en Estados Unidos entraron en una irreversible cuenta regresiva hacia el inexorable cierre.
    Con lo que no se terminó una empresa sino una era. Algo de lo que ya se habla hace algunas temporadas, pero que creo que hasta ahora no habíamos experimentado tan brutalmente, en toda su dolorosa contundencia. O por ahí soy yo, no sé.

    Según la Wikipedia (hablando de cambios...), Tower fue fundada en 1960 por Russ Solomon, en Sacramento, California. Solomon usó el nombre de la farmacia de su padre. Y a los siete años abrió su segundo local, en San Francisco. Y con el tiempo la expansión llegaría hasta Malasia, Irlanda, Filipinas, Israel, Colombia y hasta un inexplicable país al sur de Paraguay. Hasta que en 2004 la cadena se declaró en quiebra, sumergida en una crisis causada por factores que cualquiera que haya leído hasta acá conoce de memoria (y hasta habrá contribuido alegremente a acrecentar!).
    Tower se posicionó efectivamente como la cadena que lograba resolver la (¿falsa?) contradicción entre mercado masivo y especialización y, por qué no, amor por la música. Vaya concepto exótico. Es decir que promocionaba y vendía medium_tower.jpgdecenas de miles de discos del Top Forty de cada momento pero al mismo tiempo ofrecía completas selecciones de géneros "menores" como jazz, música del mundo, punk y, glup, música jamaiquina. Su slogan era "No music, no life".

    Algunos recordarán acá, mientras una lágrima con forma de 7" se desliza hasta el teclado, la batea de reggae en la primera etapa del Tower de Santa Fe y Riobamba. Un amigo, no sin ironía, exclamaría ante todo esto: "Qué vuelva Carlitos!"
    Carlitos, Dios nos proteja, ya no va a volver. Pero si lo hiciera, a pesar de todo, Tower no regresaría con él.

    Para mí Tower es esto: volver del colegio, almorzar y caminar dos cuadras desde casa hasta la ruta 7 donde quedaba uno de los mejores locales de Tower en Estados Unidos, el de Vienna, Virginia. Ahí podía pasarme horas, la gran mayoría de las veces sin comprar nada. Ya había CD, que ganaban cada vez más terreno, pero me dedicaba a los vinilos: iba pasando con los dedos uno por uno y contemplaba las maravillosas tapas de Specials, Crass, Dead Kennedys, Bauhaus y de tantas cosas que hasta hoy no escuché, pero que entonces conocía de memoria.
    Inexplicablemente, al llegar a un disco conocido, paraba. Levantaba con las dos manos, por ejemplo, "London Calling", y me quedaba contemplando, como si me pagaran para controlar que por la noche nadie hubiera entrado al local y hubiera tachado los títulos de las canciones en la contratapa...

    medium_world_music_tower8232003.jpgCada vez que volvía a casa con una bolsita amarilla y letras rojas, más o menos cargada, ése era el mejor día de mi vida. Ahí compré "Sandinista!". Y "Machine Gun Etiquette", de The Damned, que seguramente es uno de los vinilos más queridos en mi top ten personal. Esos vinilos la buena gente de Tower los metía en unos sobres de una especie de celofán grueso que eran lo máximo. Pero si no compraba nada y era, por ejemplo, el primer jueves del mes, no importaba porque sin gastar un centavo podía llevar el City Paper (notable diario gratuito local con toda la información de shows y más cosas), la Pulse (excelente revista gratuita de Tower, con muy buena información) y los volantes de recitales de la zona. Lecturas que, apenas por unos dólares, se complementaban estupendamente con MRR, Flipside, Reggae Times, Propaganda, The Big Takeover y tantas más... (prácticamente por lo mismo que cuesta la Inrockuptibles, para el que esté pensando que esta es una enumeración casi obscena)

    Después tuve mucha suerte y gracias a los viajes pude conocer más o menos quince Tower de distintos lugares. Soy pobre, pero soy un Tower experto. Y mi nivel de compras es bajísimo en relación con la cantidad de horas que pasé en sus locales. Pero la última compra fue casualmente en aquel Tower de Vienna, en octubre del año pasado. Un CD de The Beat, otro de Agent Orange, y dos DVDs para regalo, uno de Social Distortion y uno de George Harrison. Llevé todo al mostrador donde me atendió un cajero punk adolescente. Sonrió y me felicitó al ver la selección. Y me preguntó qué discode Agent Orange le recomendaba. Como en muchas otras cadenas, me ofreció la tarjeta de descuento Tower. Le expliqué que no tenía demasiadas oportunidades de usarla, así que sólo me serviría si el descuento se aplicaba a esa misma compra. Me respondió que no, que corría a partir de la próxima, pero que, bueno, no había por qué ser tan estrictos, no? Y me hizo un 10 por ciento de descuento. En Estados Unidos? En un megastore? Síp.

    En el show de Madness, acá, me robaron la billetera. El registro de conducir apareció mágicamente en la billetera de Mr Sala, aquí firmante. Pero la tarjeta de Tower no, aunque de todos modos ya no servía para nada (especialmente para el que se la apropió). Si hubiera aparecido, la guadaría con tanto afecto como el volante de Los Oxidados y Espías Secretos en Sao Bar...

    Que quede claro, esto no es un canto a Tower, sino a las disquerías en general. A las buenas disquerías. Cada uno tendrá la suya.

    Tampoco es un arranque nostálgico. La frase "todo tiempo pasado fue mejor" siempre me recuerda inmediatamente al Holocausto y al Proceso. Simplemente leí el diario y me acordé de esas tardes de disquería, cuando el tiempo quedaba suspendido y terminaba saliendo a la calle mareado y el ruido de los autos me aturdía y hacía cuentas mentalmente para ver cómo haría para comprar tantos discos. Bueno, Tower cerró mucho antes de que lo consiga...