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  • Adult Oriented (Punk) Rock

    (Antes que nada, la banda de sonido de esta nueva redacción fue Francois Hardy mezclada en tiempo real con River-Estudiantes, un domingo a la tarde, así que... bueno, no doy garantías)

    El viernes estuve con otros satélites viendo a Cienfuegos en Niceto, donde casualmente el sábado próximo (11) tocaremos con Satélite, con Flavio y la Mandinga, y con Sergio Rotman, voz de Cienfuegos, como DJ invitado, por si hiciera falta algo más.

    Pero voy al punto: transcurría entonces el notable show de estaba banda a la que no veía desde hacía años, cuando le comenté a Danny Drummy Zaltzman, baterista satelital, teletrainer y gran cocinero: "¿Viste que existe algo llamado Adult Oriented Rock? Bien, esto es... ¡Adult Oriented Punk!".

    ¿Qué es el A.O.P.? Obvio: punk rock para mayores, para egresados de las escuelas 77, 82 u 89. Para melómanos que sienten acidez cada vez que se tropiezan en el zapping con Blink 18nosecuánto. Punk inteligente (???), vinyl loving new wave ilustrada para cultivados rocker dropouts de treintaypico, sobre todo. Para diletantes que optaron por postergar más o menos la vida normal después de eso de la guitarrita. Más o menos algo así. Es decir... gente como uno.

    El backstage de Cienfuegos era un buen ejemplo de esto. Aparte, desde ya, de los mismos Cienfuegos, estaban el exiliado Gigio (el de la foto; ya hablaremos más de él), Mimi Maura, algunos satélites, Walas de Massacre, un baterista que creo que tocó con Juana La Loca, Toto Rotblat, Hugo de Dancing Mood (descubrimos que estuvimos en el mismo recital de los Oxidados y Espías Secretos en 1992: él, en séptimo grado; yo, en... segundo año de la facultad!) y muchos otros personajes en la misma línea con leves diferencias generacionales y grandes cercanías filosóficas.

    No por nada Cienfuegos trabaja esta idea desde su repertorio empapado de Gang of Four, Wire, Television. Y más explícitamente, desde los covers que eligen: Talking Heads, Bowie, Joy Division... ¿Se puede decir más?

    "Todos los ladrones están enamorados de Rosita", dice González Tuñón. Y yo creo que todos los postpunkers deben ser fans de Gigio. "Y yo también", dice Tuñón. Estoy de acuerdo, así que cuando Rotman presentó a Gigio en Niceto, lo recibí como si hubiera entrado a una fiesta sorpresa. Soy fan de Gigio y pocas oportunidades había tenido de verlo en vivo ya que hace unos cuatro años, poco después de editar su generoso disco "La canción de los días", se había radicado en España. De ese disco tocó con Ciefuegos "Amapola" y "Celoso", si no me equivoco.

    Casi nada se sabía de él en los últimos tiempos, más allá de la sorpresiva elección de (glup) Hilda Operación Triunfo Lizarazu de "Amapola", el tema de Gigio, como single de su último disco.

    Así que, después de show, me acerqué como buen fan y le pregunté si estaba viviendo acá otra vez. Dijo que no, que sólo estaba de visita y que iba a tocar varios viernes en Buenos Aires, en Plasma, que queda en Barracas o cerca. Y me dio un CDR con dos temas nuevos que acaba de grabar, según entendí, pero por ahí no, en Madrid. Dos buenísimas canciones un poco más rockeras que el más bien acústico, aunque no totalmente, "La canción de los días", donde hay algunos temas tan buenos que no habría que perdérselos en vivo ahora que Gigio está en BsAs.

    Ya saben: si ud. tiene entre 29 y 39 y gusta del Adult Oriented Punk, no salga a correr, no mezcle Francoise Hardy con el partido del domingo y no se pierda a Gigio, ni a Cienfuegos, claro, pero sobre todo a Gigio, que está sólo por unos días entre nosotros. Y tampoco deje de venir el sábado 11 a Niceto, que Satélite Kingston va a saber cómo tratarlo.

  • Running riot!

    (Advertencia: si no entró en satélite-in-blog la última semana, empiece por el post anterior, "Run, Rudy RUN!", para comprender este. Aún así...)

     

    Días II y III.

    Ahora soy uno de ellos. Ya está. Luego de la dramática iniciación, superados los temores, recibidos cientos de mensajes de aliento y hasta solidaridad y admiración, volví a correr una y dos veces alrededor de la plaza cuyo nombre todavía ignoro, en el corazón mismo de Villa Ortúzar.

    Tengo que decir que la segunda y la tercera parte esta vez fueron muy buenas. Y que algo en mí ha ido cambiando al ritmo que mis pies trotaban alrededor de la manzana. Justamente anoche me lo adelantaba un amigo deportista, Germán C., que dedica buena parte de sus días a la concentrada práctica del kung fu: "Al principio te cuesta, pero después empezás a disfrutar, empezás a necesitar ese dolor...", me tranquilizaba en una parrilla de Federico Lacroze y Alvarez Thomas. Gracias, Germán, por no dejarme bajar los brazos.

    Al día siguiente (esta mañana), entendí a qué se refería. Noté transformaciones. Mientras daba todavía más vueltas que en la primera jornada por 14 de julio, por Gribone y por esas otras calles de adoquines, había mujeres que pasaban por la plaza, con su bolsa de las compras, más veces de las necesarias, y me miraban con inédita simpatía. Percibí también algo distinto en los otros corredores, que ya no parecían estudiarme como en el debut, sino que me miraban con gesto cómplice propio de una logia secreta. Hasta los perros (esta plaza es un importante business center para los paseadores de la zona) me ladraban ya sin intentar expulsarme de su territorio sino con el afecto de los mejores amigos del hombre que se supone que son. Creí también ver a la quiosquera de la esquina permanecer más tiempo en la vereda, conteniendo apenas el impulso de extender el brazo para alcanzarme un Gatorade.

    Tampoco pasaron inadvertidas ciertas diferencias en mi normal línea de pensamiento. Me descubrí, por ejemplo, evaluando la posibilidad de aceptar la invitación de otro amigo, Alfredo S., a unas carreras que organiza Nike ("te ragalan ropa", argumenta, no necesariamente con el más noble espíritu deportivo) y, para el fin de semana, en lugar de repasar la agenda de recitales y fiestas, pensé en levantarme temprano para asociarme al famoso gimnasio Chin Fú, de Flores.

    Y entendí algo más. Que el ejercicio físico propicia el desarrollo muscular. Pero no como un fin en sí mismo, como un movimiento egoísta ni, mucho, mucho menos, narcisista, sino con un objetivo superior: algo que podríamos llamar "fusión intermuscular", es decir el cultivo de un cuerpo en sincronía con los otros. O sea que hacer ejercicio sería prepararse para y concretar una comunión física total, una misión trascendente sólo comprensible para quienes participan con sangre, sudor, lágrimas y un par de zapatillas. 

    Así es que desde que soy un corredor, un atleta, mi relación con el barrio es otra. Mejor dicho: existe. Atrás quedó el tiempo en que era observado y ¡sospechado! como el primer y oscuro Sutpen recién llegado a Jefferson. Tres años de discreta residencia y tres días de esforzado (y popularmente reconocido) entrenamiento alrededor de esta plaza sin nombre tuvieron que transcurrir para finalmente ser aceptado en el barrio, para que el policía de la esquina me salude, para que el chino del súper no acepte mi seña por los envases de cerveza, para que los niños me inviten a jugar cuando les alcanzo una pelota desviada con un preciso derechazo y una sonrisa paternal. Tres años y tres días.

    La semana que viene me mudo.