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  • Malvinas serenade

    Puedo decirlo sin falsa modestia: este es el mejor ska-blog del mundo con fotos recientes de las Islas Malvinas. El que conozca uno mejor, que me diga cuál es.

    Así es, ska fans, a la izquierda de la pantalla encontrarán unas fotos de hace un par de semanas en Puerto Stanley y alrededores.

     

    (del diario de viaje)

    medium_Malvinas_bajas_14.jpg"La imagen que muchos argentinos tienen de las islas es invernal, militarizada y triste. Malos recuerdos de páginas amarillentas, con fotos difusas y títulos oscuros. Puerto Stanley soleado y colorido no es en lo primero que uno piensa. Pero ese es el pueblo con el que se encuentra el Nordnorge el domingo. El clima extraordinariamente benévolo (después de un duro invierno sin primavera) parece poner de estupendo humor a los kelpers, que te saludan por la calle. No hay mucho tiempo, pero lo primero será conocer a pie, muy superficialmente, la capital: el museo, las iglesias, el memorial a los 250 caídos ingleses en 1982 (el de los 750 argentinos está fuera del pueblo)… También los pubs (como el famoso The Globe; Guinness a tres dólares) y hasta el supermercado de la omnipresente Falkland Islands Company (FIC, en logo celeste y blanco), repleto de mercadería británica, incluyendo discos de Madneess y Terry Hall (y un solitario producto argentino: Catena Chardonnay, a 13 libras). 
    Al mediodía partimos hacia Long Island, que no es una isla sino una granja o más bien una estancia una hora al norte de Stanley. Neil y Glenda Watson, los kelpers anfitriones, viven aislados en esta isla, geográfica y culturalmente. Todavía usan su cocina-estufa a turba, crían ovejas junto al mar con la ayuda de tres perros ovejeros, e hijos y nietos.En el camino de vuelta, Sharon, sexta generación kelper, nos muestra diferentes sitios donde se atrincheraron militares argentinos e ingleses, donde se produjeron batallas y los restos de un helicóptero argentino destruido en tierra y ahora cubierto de mensajes del tipo “David estuvo aquí” y “Tina ama a Taylor”.
    A los dos lados de la ruta hay sectores alambrados y cada tantos metros se ven unos cartelitos colorados. De cerca, se lee: “Peligro. Minas”. “De la guerra nos quedaron más de cien campos minados –dice Sharon-. Yo tengo uno detrás del jardín de medium_Malvinas_bajas_10.jpgcasa… No existen registros completos de dónde están las minas así que es muy difícil desactivarlas. De todos modos, aunque no es lo ideal, tampoco nos complican mucho la vida”. Entrar en un campo minado, aunque suene insólito, es un delito. “Cuesta creerlo, pero hay gente estúpida que cree que esto es un juego, así que hubo que tomar medidas y poner multas”, explica Sharon, que no intenta ser políticamente correcta con los argentinos, supuestamente responsables de estas tierras explosivas y vedadas: “A veces nos preguntan cómo podemos vivir tan aislados del mundo, pero la verdad es que nosotros desearíamos estar aún más lejos de nuestros vecinos…”
    De regreso en Stanley, sólo queda esperar en el centro de información turística y gift shop el colectivo para volver al  puerto. Es la oportunidad de comprar por un par de libras unos de esos carteles de los campos minados, que los isleños transformaron en simpáticos souvenirs.